Joan Bosque, licenciando en Químicas y en Medicina Tradicional China, ofreció en el Centro Terapéutico Mezquida la segunda parte de la charla sobre "Dietética y Nutrición", esta vez desde la perspectiva oriental.
La Medicina China clasifica los alimentos desde el punto de vista de sus sabores y de sus energías. Así pues, desde el punto de vista oriental existen 4 energías (caliente, templada, fresco y frío) y 5 sabores (picante, ácido, amargo, dulce y salado).
Las cuatro energías
Las cuatro energías pueden considerarse como una subcategoría del yin y el yang, e indican el efecto básico que ejerce un determinado alimento sobre el cuerpo, y no tanto su temperatura.
Los alimentos yang son calientes o templados, tonifican, calientan, ascienden y mueven, son secos, duros y por regla general presentan una tonalidad clara. Suelen crecer en el campo, sobre el suelo y en lugares luminosos. Son yang las carnes rojas, los huevos, las grasas, algunos mariscos como los mejillones, el ajo, los espárragos, el apio, el hinojo, el perejil, el puerro, la albahaca, la canela, los picantes, el clavo, el cilantro, el comino, la soja, el pimiento, el pollo, el cordero, las gambas, los albaricoques, las cerezas, las castañas, la piel de naranja y los melocotones.
Los alimentos que son básicamente yin son frescos o fríos, refrescan, sedan, astringen e hidratan, son húmedos, suaves y de color oscuro. Son yin los alimentos acuáticos, como el pescado y las algas, los que crecen en la oscuridad o bajo tierra, como los champiñones y las raíces, así como la avena, la cebada, la berenjena, la remolacha, la calabaza, el pepino, el berro, las espinacas, el ruibarbo, el tomate, la lechuga, el trigo, el tofu, la soja germinada, el plátano, el limón, el pomelo y la sandía.
Luego están los alimentos que no producen ni frío, ni calor, como el arroz, la pasta y los cereales en general, en los que no predomina ni el frío ni el calor. Estos ayudan a estabilizar, centrar y armonizar, y son más fáciles de digerir y constituyen la base de la cocina macrobiótica. Mientras, en occidente tendemos a comer de los extremos.
Así pues, si comemos un plato de carne roja (yang), nuestro cuerpo nos pide alimentos yin para compensar, como azúcares refinados y las drogas (tabaco, café, vino, etc.). Para hacer que la carne sea menos yang, una opción es añadirle condimentos fríos (yin), como el curry, que ayudarán a hacerla más digestiva.
Por el contrario, si nuestro estado de ánimo está deprimido, notaremos una necesidad de alimentos yin, que nos ayuden a enfriar la mente. Pero si comemos yin, el cuerpo nos pide luego alimentos yang, lo que puede llevar a que engordemos.
Los 5 sabores
La Medicina China también distingue cinco sabores de los alimentos, que vienen a ser una subcategoría de los cinco elementos (dulce-tierra, amargo-fuego, ácido-madera, picante-meta y salado-agua). Todos los fenómenos del universo son el resultado del movimiento y mutación de las cinco categorías: madera, fuego, tierra, metal y agua, también conocidas como las cinco fases. Para gozar de buena salud, estos elementos deben estar en armonía. Los alimentos y las plantas se emplean para reequilibrar los elementos dentro del cuerpo.
Los cinco sabores son: picante, ácido, amargo, dulce y salado. El término "sabor" hace referencia a la naturaleza curativa de un alimento o planta y no necesariamente a su sabor tal y como se entiende en Occidente. Entre los alimentos picantes se encuentran el ajo, el jengibre y las cebolletas; los limones, las manzanas y los kiwis se consideran ácidos; el café, el té y las almendras se consideran amargos; los dátiles, el arroz y el pollo son dulces, y el cerdo, los mejillones y la sal sin refinar son salados.
Cada sabor se asocia con el yin, como los alimentos ácidos, amargos y salados, o con el yang, como los picantes y los dulces. Además, cada sabor está relacionado con un órgano vital, de forma que los alimentos con un sabor determinado se emplean para tratar disfunciones sufridas por el órgano correspondiente. Además, cada sabor tiene una función.
Así pues, los alimentos ácidos astringen, contraen la energía hacia adentro y actúan sobre el hígado y la vesícula biliar porque activan la bilis. Es por esto que ayudan en la digestión. Al ser astringente, los alimentos ácidos son buenos para tratar la diarrea, y a nivel mental, son útiles para estudiar, ya que ayuda a la concentración mental. Sin embargo, en exceso, como con cada sabor, son perjudiciales, y hacen que la persona sea irritable.
El sabor picante tonifica, da energía al pulmón y al intestino grueso. En cantidad moderada promueve la circulación de la sangre y energía, evitando los estancamientos. Por eso es bueno para el estreñimiento. También sirve el picante como expectorante, de hecho el jengibre se usa para tratar el resfriado común. En Occidente usamos raíz de Malvavisco, Tomillo y la flor de Sauco, que también son picantes.
El picante está sobre todo indicado en otoño, pero siempre en cantidades pequeñas. Hay países, como Mexico, Colombia y los del Oriente Medio, que comen grandes cantidades, y además mezcladas con carnes y azúcares, lo que resulta en una mezcla explosiva, pues provocan agresividad. El picante también es bueno para digerir la carne cruda, y el mejor ejemplo es el wasabi que acompaña los platos japoneses de pescado crudo.
El sabor salado ablanda y lubrifica el riñón y la vejiga, es el segundo sabor que adquirimos (el primero es el dulce) y ayuda a retener líquidos. Como actúa sobre el riñón, que es la sede de la energía basal, según la Medicina China, la sal nos puede ayudar a conservar esta energía. En hombres sirve para mejorar la sexualidad (porque pierde jugos), aunque en exceso puede hacer impotente.
Pero un exceso de salado provoca hipertensión, retención de líquidos, problemas para orinar, impotencia e infertilidad. Mientras que si perdemos demasiado líquido, perdemos la energía basal, y cuando no tenemos, es que estamos muertos. Los chinos dicen que "el agua de riñón controla el fuego del corazón", y cuando el agua se desborda (y se pierde), se lo lleva todo (incluso la vida).
La energía del riñón se puede ver en el oído y en el cabello. Según la Medicina China, es por eso que las personas mayores se vuelven sordas, canas y calvas.
El sabor amargo favorece el drenaje y la evacuación, actúa a nivel del intestino delgado y el corazón. Es bueno para calmar al corazón, y por tanto, los pensamientos. Hay que tomar un poco de amargo cada día, como la achicoria, la escarola y la endivia. Pero el exceso de amargo da amargura, pocas ganas de vivir y pesimismo.
El sabor dulce es el más equilibrado y el primero que adquirimos, actúa a nivel de bazo, páncreas y estómago, y ayuda a que ascienda la energía. En cantidad moderada armoniza, refuerza, tonifica y promueve la producción de líquidos orgánicos (lubrifica). En exceso favorece la producción de humedad y flema.
El dulce está en mayor o menor medida (60-80%) en muchos alimentos. Y es que los alimentos suelen tener una combinación de sabores, y generalmente son dulces mas otro sabor.
Existen tres tipos de dulces, los de alta calidad (cereales integrales, legumbres, vegetales y el cultivo biológico), las frutas y los refinados, entre los que se incluye la miel. La miel es un azúcar refinado por un animal que vuela, por lo que dispersa mucho y no es nada bueno para la concentración. Para edulcorar los mejores dulces son el azúcar de caña sin refinar, que se reconoce por su textura pegajosa, el zumo concentrado de manzana y la stevia, que se obtiene a partir de un arbusto originario de Paraguay y Brasil y es 200 veces más dulces que el azúcar.
Alimentarse de manera armónica
La alimentación según la tradición china puede parece muy compleja, pero en realidad tiene mucho de sentido común. Ante todo no se trata de una dieta rígida, sino todo lo contrario, y su objetivo principal es evitar las acciones y deseos inútiles, así como la violencia innecesaria, y a la vez intentar lograr una armonía entre la persona, su organismo y el mundo que le rodea.
Es muy importante cómo uno se acerca a las cosas, y por supuesto, a los alimentos. Nuestra actitud ante estos ha de ser siempre positiva, y debemos tomarnos nuestro tiempo para elegirlos, prepararlos y consumirlos. "Las cosas de la vida nos tienen que dar placer", insiste Joan Bosque.
Nuestros sentidos son los que nos indicarán aquellos alimentos que mejor nos van en cada momento y la dosis que necesitamos. La información de los alimentos nos entra a través de la vista y las papilas degustativas. Y si acompañamos la comida con un poco de alcohol, se potencia el efecto, ya que ayuda a fijar la información de los alimentos.
Según los taoístas, se trata de comer y vivir de la manera más consciente posible.
Los alimentos, cuanto menos manipulados, más sanos, y cuanto más vivos mejor. En este sentido, los brotes de soja son lo más vivo que hay, recuerda Bosque, aunque también hay que tener en cuenta que lo crudo es más difícil de digerir, por eso debemos encontrar un "compromiso entre lo vivo y lo muerto", entre los alimentos crudos y cocinados.
El miércoles 23 de febrero, a las 20:30h, Joan Bosque dará una charla sobre bioenergética, que servirá de introducción al curso que dará en el Centro Terapéutico Mezquida, a partir de marzo. El martes 22 de marzo, a las 20:30h, presentará el curso sobre plantas medicinales. Estas charlas introductorias son gratuitas, pero es necesario confirmar asistencia.
Más información:
info@terapiasmezquida.com
Joan Bosque: 639 214 902





















