Ciudades lentas, la cultura antiestrés
17/07/2006 - 22:18
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El estrés mata. Las primeras causas de muerte en España son las enfermedades isquémicas del corazón, las cerebrovasculares y las insuficiencias cardíacas; todas ellas se sabe están relacionadas con el estrés. Además, le siguen el cáncer de pulmón y de bronquios, dos enfermedades ligadas al consumo de tabaco, que cuyo consumo incrementa con el estrés. Pero si nos paramos a pensar un poco, y analizamos otras causas de muerte, como la hipertensión y los accidentes de tráfico, podemos ver con claridad que nuestro estilo de vida actual tan acelerado tiene mucho que ver con el riesgo de morir de alguna de estas causas.
Y lo que es peor, el estrés y sus consecuencias causan enormes pérdidas de dinero, no sólo por las bajas laborales, sino por el ineficaz rendimiento de las personas bajo estrés.

El cerebro humano está hecho para concentrarse durante poco más de una hora, tras la cual se debe realizar una pausa. Cuando uno está estresado no para de darle vueltas a las cosas, lo que equivale a estar trabajando sin descanso. Esto es totalmente ineficaz e improductivo. De hecho, la falta de salud mental supone como mínimo una pérdida del 4% del Producto Interior Bruto de la Unión Europea.

Con esto no sólo pretendemos justificar las vacaciones y las juergas con los amigos, sino todo un estilo de vida más lento y pausado. De hecho, en los últimos años está surgiendo una tendencia Slow (lento en inglés) que reivindica un ritmo de vida más pausado, el disfrute de los pequeños placeres, especialmente la gastronomía, y el resurgimiento de los valores y la cultura tradicionales.

Slow Food

En 1986 Carlo Petrini, carismático autor italiano de libros de comida, lanza Slow Food, el movimiento de la lentitud culinaria, que se opone a los sabores estandarizados, defiende los productos de temporada, frescos y locales, las recetas tradicionales, la agricultura sostenible, comer despacio con amigos y familiares, las vacaciones gastronómicas, y sobretodo disfrutar de la comida y de la vida. El movimiento Slow Food nace como respuesta ante la invasión de los establecimientos de comida rápida, que ni siquiera respetan en su ubicación a las plazas o lugares más emblemáticos e históricos de las ciudades.

Harto de la filosofía de lo rápido y consciente de sus peligros, Slow Food predica una vida mejor, y para ello trabaja sobre diferentes líneas de acción. Por un lado, el Arca del gusto, cuyo objetivo es rescatar de la extinción los alimentos artesanales del planeta, y conseguir un hueco para ellos en el mercado global. Las lentejas de los Abruzzos, las patatas ligures, el apio negro de Trevi, el albaricoque del Vesubio y el espárrago violeta de Albenga, fueron algunos de los primeros alimentos en ser salvados por este particular Noé de la era moderna.

Además de rescatar los productos artesanales y sus sabores, Slow Food se dedica a la creación de proyectos empresariales para ayudar a los pequeños productores a promocionar y comercializar sus productos, así como a crear sellos de calidad distintivos. Desde sus inicios, Slow Food ha crecido mucho y actualmente cuenta con más de 83.000 socios por todo el mundo.

Cittáslow

En 1999 esta filosofía dio otro paso más en su evolución, y nació la asociación sin ánimo de lucro Cittáslow. En un principio fueron sólo cuatro pequeños poblaciones en el centro de Italia (Greve, Orvieto, Bra y Positano), pero actualmente existen 60 municipios de seis países diferentes que se han asociado a las ciudades lentas, y otros tantos en lista de espera, incluyendo tres pueblos de la Costa Brava. En estas ciudades lentas la dolce vitta es obligatoria por ley.

Las ciudades lentas son aquellas donde las personas siguen interesándose por los tiempos pasados, que tienen teatros, plazas, cafés al aire libre, talleres de participación, restaurantes con productos autóctonos, lugares de esparcimiento y para el desarrollo espiritual, servicios e infraestructuras de calidad, pueblos con paisajes vírgenes y artesanos encantadores, donde la gente todavía reconoce el lento curso de las estaciones y los productos genuinos y sabores de la huerta tradicional. Son ciudades sostenibles y sostenidas, donde la comunidad local crece prósperamente al apreciar y compartir las cualidades que la hacen especial, cuando descubre una entidad colectiva que puede hacer suya, y de la cual puede sentirse parte con orgullo, además de poder ser valorada por otros. Qué decir que la ciudad lenta supone un valor añadido al municipio que ayuda a potenciar la economía local, a través del turismo, de los servicios y del pequeño comercio.

Qué hace falta para ser una Cittáslow
El manifiesto de Cittáslow contiene 55 promesas, como congelar el desarrollo urbanístico, reducir el tráfico, aumentar las zonas verdes y las islas peatonales, apoyar a la agricultura y al comercio local, mantener un sistema hotelero de dimensiones familiares, preservar la estética y las tradiciones locales, limitar las actividades musicales y de bares a zonas donde no molesten, y en definitiva, favorecer los puntos de encuentro y de descanso de los ciudadano en el tejido urbano, con el fin de fomentar la hospitalidad. En las Cittáslow la gente pisa la calle, se saluda, se conoce y se habla. Los ayuntamientos asociados prometen trabajar para mejorar sensiblemente la calidad de vida de los ciudadanos.

A pesar de cultivar la vuelta a los valores tradicionales, las ciudades lentas no van en contra del desarrollo tecnológico, sino que defienden que éste debe estar siempre al servicio del hombre y nunca al revés. La pregunta es, ¿mejora esto la calidad de vida? Si la respuesta es afirmativa, entonces la tecnología se acepta: páginas web para promocionar la ciudad, transporte ecológico de última generación, energías renovables,… Se trata de encontrar un equilibrio entre lo moderno y lo tradicional.

Para poder asociarse a este movimiento, una ciudad debe de tener menos de 50.000 habitantes, reducir su contaminación ambiental y acústica, tener un sistema de depuración de aguas y de recogida diferenciada de basuras, conservar el paisaje tradicional, integración de residentes y turistas en la cultura local, promocionar la agricultura tradicional a través de la unión entre productores y consumidores locales (por ejemplo, los restaurantes), crear huertas urbanas y escolares, infraestructuras que favorecen una movilidad alternativa al automóvil, restauración de lo centros históricos, existencia de parkings vigilados al lado del centro de la ciudad, promoción de actividades culturales locales

Xàbia puede ser una cittáslow
De un tiempo a esta parte Xàbia está cambiando de mentalidad. Los ciudadanos quieren una expansión urbanística 0, y más servicios e infraestructuras de calidad, cada vez son más los que usan la bicicleta, hay una vuelta a los valores tradicionales, los restaurantes aprovechan los productos locales de la huerta y del mar como nunca antes, la buena gastronomía está en alza, y con ella la cultura del vino y del buen vivir, el Casco Antiguo está sufriendo un proceso de remodelación para convertirse en un área más amable para el peatón y que cuida el comercio local, la conservación del paisaje y su belleza es más prioritario que nunca, el ciudadano está cada vez más orgulloso de su cultura y las tradiciones locales.

Xàbia tiene menos de 50.000 habitantes, y puede ser una ciudad lenta. Qué gran acierto sería que nos adscribiésemos al movimiento de las Cittáslow. Xàbia, naturalmente lenta…

Más información

Slow Food: www.slowfood.com

Cittáslow: www.cittaslow.net

“Elogio de la lentitud” por Carl Honoré (ed. RBA)
La web del libro está en proceso de reformas, y suponemos que algún día estará lista. No hay prisas. www.inpraiseofslow.com

 

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