Hace unos años que el Ayuntamiento ha puesto su empeño en desestacionalizar el turismo, y por fin parece ser que están alcanzando su objetivo. La frase “hacer el agosto” pronto pasará a la historia, al igual que el turismo “de sol y playa”. Al paso que vamos, dentro de pocos años la diferencia de ocupación entre febrero y agosto será mínima, y gran parte del mérito lo tienen la fluctuación de parkings, la brusca masificación urbanística y la falta de inversiones y servicios en el núcleo turístico por excelencia, la Playa del Arenal.
Xàbia AL DIA ha recorrido los tres núcleos urbanos del municipio, preguntando a los comerciantes sobre su percepción del verano recién acabado, y la opinión que el turista tiene de Xàbia, sus ofertas y sus servicios. El panorama no se ha presentado nada halagüeño, confirmando la tendencia negativa, económicamente hablando, que caracterizó el verano del 2004, aunque sin una diferencia tan brusca con respecto a la anterior campaña.
Aunque, en general, la mayoría de los comerciantes consultados han coincidido en que el 2005 ha sido similar al 2004, a nivel individual, las diferencias han sido muy amplias, haciendo difícil la tarea de encontrar una explicación que aúne todas las opiniones.
En una cosa sí que coincide la gran mayoría, y es que junio y julio han sido muy flojos, casi como el resto del año, y que en la segunda quincena de agosto ha habido más movimiento que durante las primeras dos semanas.
En cuanto a núcleos, el Arenal ha sido el más afectado negativamente por culpa de los problemas de aparcamiento y la falta de servicios en general. A cambio, la zona del I Montañar y del Puerto se han beneficiado de esa costumbre tan nuestra de aparcar en puerta del lugar a donde vamos –que puede que se deba a que nos gusta más pasear por sitios agradables y no por aceras destrozadas, invadidas por coches y sin sombra. El Casco Antiguo ha recibido aproximadamente el mismo número de visitas que el año anterior, sin embargo, el volumen de negocios ha sido en general peor. La explicación que dan los comerciantes es que el turista ya no se gasta el dinero tan alegremente como antes.
Las causas de estos cambios son múltiples –como todo en esta vida-, y aunque todo el mundo coincide en quejarse del mal estado del Arenal y los problemas para estacionar debido a la abolición del parking principal por la urbanización del sector Arenal 3, existen varios factores sociales que contribuyen en mayor o menor medida al cambio de hábitos del turista, y por tanto, a la forma de emplear su dinero.
Parkings
Lo primero es culpar a los demás por aquellos problemas que a uno le molestan, pero es que lo ponen fácil. Los políticos se defienden de las acusaciones de que no hay parking, explicando que no es cierto –es que están más lejos-, pero los turistas y residentes sólo perciben que a penas hay un esfuerzo por mejorar, así que arremeten, a veces con dureza –como por parte de los comerciantes del Arenal- contra la clase dirigente municipal.
El núcleo del Arenal ha sufrido un progresivo deterioro a lo largo de los años, y hace décadas que a penas ha podido disfrutar de alguna inversión importante. La última vez fue a principios de los noventa, cuando se plantaron las palmeras en la arena –en septiembre-, y que por cierto, se hizo pro duplicado, porque muchas fueron arrasadas por un temporal a las dos semanas de ser colocadas.
Más recientemente, en concreto el año pasado, se construyó una rotonda para hacer más fluido el tráfico. Por lo demás, las mejoras que ha visto la zona más turística de Xàbia son unos cuantos pilones que van y vienen por diversos motivos, y parches en alguna acera.
El tráfico y la falta de plazas de aparcamiento siempre ha sido un punto negro, pero desde el Consistorio no se quiere actuar porque se está a la espera de realizar un proyecto que comprendería la mejora del paseo y un parking subterráneo. Por desgracia este proyecto ha sido rechazado por los comerciantes que no quieren ver sus terrazas expropiadas, y actualmente está paralizado (sin embargo, a nadie se le ocurre que negociar o cambiar el proyecto teniendo en cuenta las inquietudes de los comerciantes pudiera ser una opción).
A comienzos del presente verano, la urbanizadora del sector Arenal 3 valló su terreno, eliminando una gran zona que se utilizaba hasta entonces para estacionar vehículos. Las alarmas saltaron, y los comerciantes de la zona exigieron públicamente al Ayuntamiento que encontrase un remedio de inmediato. Dicho y hecho, en pocos días se habilitaron tres nuevos parkings, y se aumentó el número de plazas en la Avenida de París, creando más de las que había anteriormente, aunque más alejadas de la playa y con acceso peatonal difícil y poco agradable. ¿Por qué no lo habían hecho antes? Desde hace años los comerciantes venían quejándose de la falta de plazas, ya que el Ayuntamiento ha ido progresivamente eliminando algunas con amplias zonas de carga y descarga, pilones, la rotonda y algunos contenedores de basura.
El problema de los parkings no es exclusivo del Arenal, sólo es el caso más sangrante. El colmo de los males, es la utilización nocturna de estos espacios para el popular botellón y exhibiciones automovilísticas. Quizá se podría mejorar este problema con una buena iluminación, obstáculos estratégicamente colocados y un poco de vigilancia, pero parece ser que el terreno es privado y el Consistorio no quiere realizar inversiones sobre estos.
Volviendo al botellón, según la policía, no es un problema nuevo sino una moda, y los jóvenes van cambiando de zona, conforme se les va echando de otras.
Ruidos
Xàbia es conocida por su belleza y su tranquilidad. El silencio es uno de los factores más importantes para el descanso, pero el desmesurado crecimiento urbanístico ha contribuido en los últimos años a romper la paz y tranquilidad de la villa. Más obras, más casas y más apretujadas, más coches y menos espacio para circular, y una ausencia notable de zonas verdes que amortigüen el impacto visual, acústico y psicológico de la mayor densidad de población.
A esto hay que sumarle la falta de alternativas de ocio para los jóvenes que contribuye al problema en forma de botellones, motos con escapes ruidosos y coches de competición con más decibelios que un avión. Luego los mismos adultos que les han enseñado a beber y fumar, conducir agresivamente y que lo único que importa es fardar y destacar, se quejan de que no pueden descansar… En fin, pero eso es otra historia. Otro problema con el ruido proviene de veraneantes jóvenes, a menudo extranjeros, que alquilan una casa o apartamento entre diez, y vienen a divertirse, por lo que no respetan las horas de descanso de los demás. Pero el tipo de turista que viene lo hace en función de la oferta turística que hay…
¿Quién viene a Xàbia?
Xàbia es principalmente un municipio residencial, con primeras y segundas residencias. Existen residentes españoles (47% -menos de una tercera parte des estos son nativos javienses) y extranjeros (de 84 nacionalidades diferentes, aunque el 40% de os foráneos son ingleses). Un buen número de residentes extranjeros huyen de Xàbia los meses de verano, buscando la tranquilidad y clima más fresco de sus países de origen.
En cuanto a los que tienen su segunda residencia en la villa, en los últimos años ha variado su procedencia. Hace más de cinco décadas, comenzaron a venir a Xàbia a veranear un grupo selecto de madrileños y vascos que se enamoraron de la paz y el aislamiento de aquel hermoso pueblo repleto de naturaleza. Poco a poco, fueron atrayendo a familiares, y comenzaron a construirse las primeras urbanizaciones (por ejemplo, el Tosalet de Doña Julia). Xàbia fue durante décadas un atractivo destino para las clases políticas y las más pudientes.
La construcción de los primeros apartamentos en el Arenal, hicieron accesible nuestro municipio a la clase proletaria de entonces. Con el tiempo, algunos se quedarían a vivir en Xàbia, y los nuevos negocios, así como la construcción atrajeron un número creciente de trabajadores procedentes de Castilla la Mancha, Extremadura y Andalucía. En los setenta, comenzaron a venir los valencianos con un buen nivel adquisitivo, instalándose en chalets en la zona del Portitxol, Tosalet, Mezquida y la Corona, principalmente.
En aquel entonces, Xàbia era uno de los destinos más populares de los madrileños. Todo el que era alguien tenía que pasar por aquí. A su vez, los valencianos fueron atrayendo a sus amigos, fiel a su tradición de estar siempre rodeado por los suyos.
Con el tiempo y recientemente la masificación, el madrileño, que es más individualista, ha comenzado a desaparecer de Xàbia en busca de destinos más tranquilos. Sin embargo, el valenciano –que vive en y necesita la aglomeración- ha atraído a cada vez más amigos y familiares. Así, la reciente explosión urbanística –y la mejora de coches y carreteras- ha permitido que muchas familias de la capital de nuestra comunidad puedan comprar su segunda residencia en Xàbia, para poder disfrutar los fines de semana y vacaciones entre amigos.
En cuanto a los extranjeros, aunque los hay que tienen su segunda residencia en Xàbia, sobre todo desde que existen los vuelos baratos, muchos conforman el grupo, junto con algunos nacionales, de lo que podemos denominar como turistas propiamente dichos. El tipo de turista que viene a Xàbia cada año varía en función de las modas, el nivel de la economía, los acontecimientos políticos, la oferta turística mundial, etc.
¿Qué busca el veraneante?
El veraneante –llamemos así a los que ocupan su segunda residencia- viene a Xàbia a descansar, a salir con sus amigos y a realizar actividades variadas con toda la familia. Los nuevos apartamentos con piscina comunitaria son un aliciente y una oportunidad para estas familias. Sin embargo, la complejidad de una vida que tanto ofrece al consumidor obliga a todo el mundo a cuidar sus consumos, no necesariamente porque no puedan gastarse más –aunque también hay quienes están limitados por su hipoteca-, sino porque quieren hacer y tener de todo. Como resultado de esto, el veraneante sale menos a comer y cenar, prefiriendo hacer las comidas en casa con los amigos y familia, para mayor beneficio de mercados y supermercados.
Los tiempos han cambiado mucho, ya no vale el modelo “sol y playa”. El veraneante y el turista quieren sol, playa, mar, montaña, viajar al extranjero, redecorar la casa cada año, cambiar de ropa tres veces al día,…. La clave es la variedad, y para que ésta sea posible, debe encontrarse una buena relación calidad/precio o ser económica.
Los comercios en Xàbia se han quejado en su mayoría de que el agosto no ha sido bueno, y echan la culpa a la falta de infraestructuras y servicios (parkings, aceras, actividades municipales, centro de salud,…), ya que éstas son las quejas que han recibido por parte de los clientes. Los turistas, si bien es cierto que notan las deficiencias que tiene Xàbia, se quejan también de los precios, “nos quieren tomar el pelo”. En Xàbia la vida está más cara, según cuentan, que en Madrid, Valencia, Francia y en algunas cosas, incluso Suiza.
El resultado: la gente –incluso los mismo javienses- no se gasta el dinero aquí si pueden encontrar lo mismo en otra ciudad y traérselo.
Suponemos que éste es el motivo por el que muchos negocios han ido mal en agosto, y por lo que, al contrario, los comercios con género a buen precio (chinos, boutiques con ropa económica,…) o precio único (periódicos, farmacia,…) no han tenido tantos problemas, a pesar de que todos coinciden en que en general ha habido menos gente.
El Arenal
El núcleo emblema de nuestro turismo vive un lento y progresivo deterioro. Ya es común escuchar entre los nacionales, “en verano, no lo piso”. Falta de inversiones y servicios y precios nada económicos hacen que los españoles huyan de allí, con la excepción de los que habitan los apartamentos cercanos. Y los que van, se gastan poco. Sólo quedan extranjeros, que debido a la habilitación del nuevo parking en el Saladar, se han concentrado en la segunda mitad de los bloques de la Playa. El Bloque 1 del Arenal ha sido el más perjudicado por todos estos cambios, aunque en general, el Paseo del Arenal se parece cada vez más en las noches de agosto a un pequeño Benidorm. Muy lejos de la imagen de turismo ideal que el Ayuntamiento pretende vender en las ferias.
Panorama de futuro: renovar o morir
Mucho de nuestro “turismo de lujo” se ha ido de Xàbia, huyendo del ruido y de la masificación, aunque también es cierto que han sido reemplazados por otros, mayoritariamente valencianos –tradicionalmente más acostumbrados a estos elementos-, que han comprado aquí su segunda residencia, ayudando a desestacionalizar el turismo. En general, todo el que puede huye de Xàbia en agosto, y sobre todo del Arenal. Pero cuidado, eso incluye especialmente al “turista de calidad”. Existe, por ejemplo, una tendencia creciente del veraneante valenciano más pudiente a irse a Ibiza. Otros prefieren variar destinos y se quedan en Xàbia menos tiempo –una o dos semanas-, y algunos directamente no vienen en la temporada estival. Y el que se queda porque tiene residencia aquí y está hipotecado hasta las cejas no puede permitirse el lujo de pagar los precios que encuentra.
Desestacionalizar está muy bien, pero no debemos descuidar el núcleo del Arenal. Mejorarlo debería de ser una prioridad. Si se permite la tendencia actual hacia la decadencia –tanto en verano como en invierno-, acabará convirtiéndose en un geto, y eso podría dañar irremediablemente la imagen de toda Xàbia.
Además de aumentar y mejorar los servicios e infraestructuras (parques, aceras, alumbrado, parkings, centro de salud, cabina de Información y Turismo, retén municipal, ventanilla del Ayuntamiento, etc.), el Ayuntamiento debería cuidar y fomentar más el tema de actividades alternativas –tan demandadas en la actualidad-, como el senderismo (creando rutas señalizadas), el ciclismo (más carriles bici), patines, la vela o el piragüismo, y los programas culturales (que en agosto prácticamente desaparecen) o infantiles (la semana para jóvenes de este año tiene mucho que mejorar).
Por su lado, los comerciantes deberían cuidar más sus precios y no bajar la calidad en agosto (es mejor atender más lentamente a menos gente que provocar que no vuelvan porque no les ha parecido bien la relación calidad/precio).






















