Según la definición del diccionario, el efecto placebo ocurre cuando un paciente se siente mejor, o se le alivia el dolor, después de un tratamiento o una intervención ficticia -es decir, después de que se le haya administrado algo como una píldora de azúcar o suero fisiológico que no debería tener ningún efecto sobre su enfermedad.
Hace mucho que este efecto ha sido documentado y reconocido, y hasta mediados del siglo XX se empleaba ampliamente en medicina. En 1807, el entonces Presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, declaró que, "uno de los médicos más exitosos que jamás he conocido me ha asegurado que utilizaba más pastillas hechas de pan, agua coloreada y ceniza que todas las medicinas juntas".
Más recientemente, el uso médico de placebos ha sido mal visto por razones éticas. Al mismo tiempo, los científicos han intentado cuantificar su efecto, y han revelado algunos fenómenos intrigantes.
En primer lugar, los placebos hacen lo que la gente quiere que hagan. En un experimento ya famoso, alumnos asistieron a una clase aburrida de una hora. Antes de la sesión, fueron informados de que iba a tomar parte en la prueba de dos drogas nuevas, un estimulante y un tranquilizante. Entonces se les entregó un sobre con una o dos píldoras, de color azul o rosa. Las píldoras no eran más que tabletas de azúcar coloreadas. Sin embargo, más tarde, cuando se midió su estado de alerta, se encontró con que dos píldoras hacían más efecto que una, y que las rosas actuaban como estimulantes, mientras que las azules funcionaban como tranquilizantes. Algunos alumnos incluso sufrieron "efectos secundarios".
El efecto negativo del nocebo
El fenómeno puede incluso tener un verdadero efecto curativo. En el caso de úlceras duodenales, un análisis de 80 pruebas de medicamentos que incluían grupos placebo evidenció que personas que recibían cuatro píldoras placebo al día mostraban unos mayores índices de curación que aquellos que recibían sólo dos. Los "tratamientos falsos" pueden también tener un efecto negativo. Las personas pueden llegar a enfermar si realmente creen que han sido envenenadas. Este efecto negativo se llama el efecto "nocebo".
Hay médicos que han recetado antibióticos falsos a pacientes que sufren infecciones virales comunes. Los antibióticos no tienen ningún efecto sobre los virus, y la mayoría de las personas sanarán de forma natural. Sin embargo, hay quienes ven a los antibióticos como si fueran "mano de santo", y pueden llegar a beneficiarse de su efecto placebo. Esto suscita cuestiones éticas, ya que el médico está en efecto mintiendo la paciente. Algunos practicantes ven esta situación de manera positiva, alegando que en verdad están recetando algo que les hará "sentirse mejor".
Para proporcionar un placebo eficaz no hace falta siquiera una receta. Una consulta con un médico atento que da un diagnóstico positivo puede tener un efecto terapéutico. En un estudio, a 200 pacientes con síntomas, pero sin señales físicas anormales, se les dieron consultas positivas y negativas. Dos semanas más tarde, el 64% de aquellos que tuvieron la consulta positiva declararon sentirse mejor, mientras que sólo un 39% de los que tuvieron una consulta negativa aseguraron que habían mejorado.
Se pueden administrar placebos conjuntamente con medicamentos para que estos sean más efectivos. La dosis de Ritalín, un medicamento que se utiliza para controlar el trastorno por déficit de atención en los niños, se pude reducir a la mitad si al paciente se le administra un placebo y se le explica que sirve para "potenciar la dosis".
La respuesta de significado
De la misma manera, la eficacia de medicamentos está influenciada por las expectativas que tenemos de ellos. Aspirina de marca es más efectiva que la genérica, a pesar de que el ingrediente activo es el mismo. Y la morfina es más efectiva si el paciente sabe que la está recibiendo. Ahora, ni la aspirina ni la morfina son placebos, por lo que la definición de diccionario del "efecto placebo" no es relevante en estos casos.
¿Quizá estemos viendo el fenómeno desde un ángulo equivocado? El elemento clave en todos estos ejemplos es la expectativa del paciente sobre el resultado de su tratamiento. Por este motivo, Daniel Moerman y Wayne Jonas (Universidad de Michigan) sugieren renombrar al "efecto placebo" como la "respuesta de significado", que ellos definen como "el efecto fisiológico o psicológico del significado en el origen del tratamiento de una enfermedad". Otros lo llaman "curación contextual", pero esta etiqueta tiene una aplicación limitada debido a que la "curación" no incluye los efectos negativos del nocebo.
Los significados de horóscopos y presagios varían entre culturas, y la respuesta de significado está muy influenciada por factores culturales. Por ejemplo, chinos americanos, y no los americanos caucásicos, mueren significativamente más pronto de lo normal si su enfermedad y el horóscopo chino se combinan en un pronóstico negativo. La intensidad del efecto se correlaciona con la fuerza de su entrega a la cultura tradicional china. El efecto no es el resultado de tener genes chinos, sino más bien surge de mirar al mundo desde un punto de vista chino. Es una profecía autocumplida.
El poder de la mente
¿Cómo pueden nuestras expectativas afectar a nuestra salud? Existen unos mecanismos fisiológicos muy conocidos que pueden estar involucrados. El cerebro tiene control directo sobre nuestra experiencia del dolor, fatiga y fiebre, a través de la estimulación de la secreción de endorfinas, un grupo de hormonas que reducen la sensación de dolor y también pueden activar la fiebre.
El sistema nervioso también controla el sistema inmunológico. La fiebre y el dolor han evolucionado para proteger y fomentar la recuperación de enfermedades y heridas, pero agotan notablemente nuestros recursos físicos. Quizá también hayamos evolucionado la habilidad de desconectar estos mecanismos protectores cuando tenemos razones para creer que estamos seguros y en camino de recuperarnos.
Escáneres muestran que personas que experimentan el efecto placebo tienen actividad cerebral similar a personas a las que se les administra medicamentos para el dolor, y que el placebo estimula zonas que están relacionadas con la supresión y la anticipación del dolor. Se requieren más investigaciones para explicar por qué una parte de la población no es susceptible al efecto placebo, y cómo esto puede estar relacionado con la razón por la que hay quienes necesitan dosis más altas de analgésicos.
Prozac un placebo
Interés reciente por placebos ha suscitado controversia. En 2008, el Dr. Irving Kirsch se enfrentó a las grandes farmacéuticas publicando pruebas de que un grupo de antidepresivos ampliamente utilizados, llamados ISRSs (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina), como el Prozac, no son mejores que el placebo a la hora de tratar depresiones moderadas (ver artículo sobre la "La buena y la mala ciencia" en XAD nº69). Si se confirma, esto suscita una nueva cuestión: ¿cómo se debe tratar a pacientes con una depresión leve? ¿Se les debe cambiar la medicación? Todas tienen efectos secundarios. Recetar un placebo no es ético (y además puede provocar efectos secundarios de nocebo), y dar placebos con consentimiento del paciente tampoco sirve, ya que el efecto se atenúa si se sabe que el medicamento es falso.
¿Es la homeopatía un placebo?
El poder del placebo también nos da una explicación de por qué tratamientos médicos alternativos, como la homeopatía, parecen funcionar. La homeopatía es un sistema de medicina que tiene doscientos años y trata a los pacientes con sustancias altamente diluidas, administradas por vía oral. Se basa en dos principios: "igual cura a igual", por el que una sustancia que causa un síntoma se utiliza de forma muy diluida para tratar las enfermedades que causa; y la "ultra-dilución", por el que a mayor dilución, más potente la sustancia (a esto se le añade un método especial para agitar la solución). No existe base científica plausible para este mecanismo de curación, pero las personas tratadas aseguran sentirse mejor con tratamientos homeopáticos.
En febrero 2010, el Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento del Reino Unido publicó un informe en el que recomendaba al gobierno dejar de financiar tratamientos homeopáticos a través del Sistema Nacional de Salud porque no se demostró que fueran más eficaces que el placebo. Sin embargo, en ese mismo informe destacan:
a) Los homeópatas tratan enfermedades que de todas formas mejorarían por sí solas (no son crónicas) o que son susceptibles a respuestas placebo;
b) Individuos tratados por homeópatas normalmente eligen la homeopatía como tratamiento; en otras palabras, siguen con la homeopatía porque saben que les gusta, por lo que se trata de un grupo que se autoselecciona; y
c) Las consultas homeopáticas son largas y empáticas. En el 2001, una revisión sistemática encontró que los "médicos que adoptan una actitud cálida y tranquilizadora son más efectivos que aquellos que demuestran una actitud más formal y no ofrecen un trato empático". Las consultas homeopáticas pueden por tanto tener un impacto positivo sobre la percepción de los pacientes de la intervención y resultar en un efecto placebo más potente.
Por lo tanto, los remedios homeopáticos ayudan a algunas personas sentirse mejor, pero "sentirse mejor" no es una cura. El dolor crónico o el cansancio pueden no significar nada, pero también pueden ser una señal de que existen un cáncer o un SIDA. El peligro radica en aquellos pacientes que depositan su fe en la homeopatía cuando puede que tengan una condición subyacente más seria que no se diagnostica ni trata de manera adecuada. La homeopatía es placebo, mientras que la medicina convencional incluye el placebo con tratamientos efectivos.
Los tratamientos complementarios y alternativos son cada vez más populares, especialmente en los países más desarrollados. Muchas de estas prácticas, como la reflexología o la acupuntura no cuentan con el respaldo de estudios científicos, y sin embargo multitud de personas las emplean y sienten sus beneficios (en Alemania un 60% recurre a tratamientos alternativos).
La inferencia lógica es que estos tratamientos se aprovechan del fenómeno complejo que se agrupa bajo la denominación de "efecto placebo", "respuesta de significado" y "curación contextual". Una mayor comprensión de esta poderosa interacción entre el cuerpo y la mente puede que algún día contribuya al desarrollo de un tratamiento más personalizado en la medicina convencional. Esto resultaría en una mejor atención sanitaria.
Chris Betterton Jones
Doctora en filosofía, profesora retirada de zoología y parasitología
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Bibliografía
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Daniel E. Moerman, PhD; and Wayne B. Jonas, MD. Annals of Internal Medicine, 2002, 136:471-476
Placebo effect in the treatment of duodenal ulcer
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http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2014313/
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Placebos and placebo effects in medicine: historical overview J M Anton de Craen, Ted J Kaptchuk, Jan G P Tijssen and J Kleijen, , Journal of the Royal Society of Medicine, vol 92 (1999), pp 511-515. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1297390/
SSRI anti-depressants found to offer little clinical benefit
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Evidence Check 2: Homeopathy
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The role of complementary and alternative medicine
E Ernst British Medical Journal 2000;321:1133-1135 ( 4 November )

















Me parece un artículo interesante.
En parte las diferencias que encuentran los especialistas en el uso clínico es porque la patología es diferente, como diferentes son los pacientes. Yo pienso que hay que conocer y valorar a cda paciente en particular, en todo caso, y utilizar el placebo en casos muy concretos, como el de personas psicológicamente adictas a los medicamentos. Lo que se planteó como poco ético (y asílo creo yo), fue la administración a personas con dolor, con una enfermedad terminal. Si el paciente dice que tiene dolor, tiene dolor, y el placebo no se lo quitará. Pero la enfermera sabe (o debería) que es importante la forma en que se lo administre para que el efecto sea más o menos rápido o efectivo. Dar un placebo en cuidados paliativos es poco ético, pero es fundamental procurar el ambiente emocional propicio para paliar en lo posible los síntomas.