El Poblado. Segunda parte. La expedición
26/04/2006 - 1:12
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Las primeras luces del alba los sorprendieron a todos. Aún estaban deliberando y no se ponían de acuerdo. Una cosa era segura: Nadie quería ir al corazón del bosque por muy acuciante que fuera la necesidad.

-"Que vaya el más valiente del pueblo"-decían unos.
-"Que vaya el más fuerte"-decían otros.
-"¡No! Que vaya el más inteligente"-replicaban algunos.

Pero tampoco se ponían de acuerdo en quien era el más valiente, fuerte o inteligente.

Se hizo un silencio prolongado. Muchos cabeceaban y otros pensaban ya en desayunar. El jefe del poblado, que había permanecido en silencio largo tiempo se levantó enérgicamente. Todos lo miraron.
De repente gritó:-"¡TENGO LA SOLUCIÓN! ¡IREMOS TODO EL PUEBLO!"

Los habitantes se miraron los unos a los otros y rompieron en alabanzas y gritos de júbilo. "-Partiremos esta misma tarde. Que los Espíritus benignos nos acompañen". Unos tambores sonaron dando fin a la Asamblea.

El viejo seguía con atención todos los acontecimientos que ocurrían en el poblado desde la puerta de su choza. No habían contado con él para participar en la Asamblea ni solicitaron su opinión, pero como buen habitante y siendo fiel a las determinaciones de la Asamblea, empezó a prepararse para la expedición de la tarde. -"Mis plantas se están secando", pensó. Y con una sonrisa vació la poca agua que le quedaba en la vasija de barro cocido encima de sus dos girasoles.

Al atardecer todo el pueblo se puso en marcha. En la vanguardia iban los más jóvenes con antorchas. Las mujeres y los niños en el medio y, cerrando la extraña comitiva, los demás hombres. Cruzaron la linde del bosque y siguieron el curso del río durante horas.
Hablaban poco y tenían miedo. Cuando anocheció muy pocos durmieron. Temían que los espíritus o las serpientes los atacaran con nocturnidad y alevosía, aunque era cierto que de momento no habían visto ninguna durante todo el viaje.

El viejo los seguía muy de lejos. Llevaba en una pequeña bolsa de cuero medio queso, dos extrañas piedras verdes y una hoja de palmera en forma de triángulo (una especie de talismán). De vez en cuando se paraba a observar alguna planta rara o alguna flor desconocida.

Pasadas largas horas llegaron a un claro en medio del bosque.

Se disponían a descansar allí, pero antes de que pudieran siquiera sentarse empezaron a escuchar ruidos extraños en las proximidades. De repente empezaron a ver humo que sobresalía de las copas de los árboles. Todos se miraron horrorizados: Los Espíritus malignos del bosque los estaban rodeando. Y no podían escapar.

por Rober Caamaño Iglesias

 

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