El concejal de Playas, Juan Ortolá, responsable de la adjudicación de los diferentes servicios que se prestan en éstas, ha decidido buscar el acuerdo con los adjudicatarios de los chiringuitos para buscar una solución a lo que se había convertido en un problema: El exceso de ocupación en todos ellos, con el pretexto de la rentabilidad.
Ortolá decidió reunirlos a todos y, tras escucharles, ir a hablar con Costas para que sea más flexible en el cumplimiento de las normas o que se avenga a ceder más metros para este tipo de locales provisionales, previo aumento del canon que percibirá de la licitación.
La idea me parece la adecuada, dados los desmanes que se producen todos los años en cuanto a la ocupación del suelo y que, como reconoció una concesionaria, hace que tengan prevista la derrama por la sanción de turno.
El acuerdo es la mejor solución, antes que aplicar mano dura, ya que en definitiva los chiringuitos constituyen un complemento a la oferta turística de este pueblo, y son muchos los vecinos de otras localidades los que se acercan, dada la alta calidad ofrecida y la variedad de estilos (puedes elegir cuál te gusta más en un radio de uno o dos kilómetros).
Ortolá debe lidiar con este aspecto, pero también como concejal de Actividades, con las reclamaciones que les hacen los hosteleros fijos de todo el pueblo por las exigencias que deben cumplir. Es difícil, pero para eso están los políticos.
Respecto a los dueños de los chiringuitos, estos deben ser más escrupulosos en el cumplimiento de los pliegos de adjudicación e intentar conjugar todo ello con el legitimo interés económico.
Tanto unos como otros están condenados a entenderse, por el bien de Xàbia, y porque es riqueza que se queda en el pueblo de una forma u otra.



















