Capitalismo, el motor del cambio
24/12/2008 - 21:41
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Pobre capitalismo! Se le culpa de todas las injusticias del mundo, y la nación líder capitalista, los Estados Unidos de América, es odiada por naciones y abiertamente rechazada por individuos (quienes deberían saber mejor) alrededor de todo el mundo.

Pero tomemos un poco de perspectiva para ver la historia de este sistema económico. ¿Dónde comenzó? ¿Por qué ha tenido tanto éxito? ¿Por qué hizo tan rico y poderosos a los anglosajones? ¿Morirá pronto? En definitiva, ¿está el capitalismo con sus últimos estertores, o sólo sufre un poco de flatulencia?

 

 El nacimiento del capitalismo moderno

Aunque a los ingleses les gusta decir que fueron ellos quienes inventaron el capitalismo, la verdad es que primero floreció en Holanda, en el siglo XVII. Su crecimiento se puede atribuir al cambio de mentalidad introducido por la reforma protestante, en especial, la de la iglesia calvinista. Primero, el protestantismo hizo desaparecer el estigma que la Iglesia Católica tradicionalmente había asociado al hecho de prestar dinero. En segundo lugar, la doctrina calvinista enseñó que ser indulgente era un vicio y que ahorrar era una virtud (¡lo que parece un poco surrealista si vemos la sociedad de consumo de hoy en día!). También logró inculcar que ser rico era una señal de virtud. Así que, ¿qué se supone debería uno hacer con su montón de dinero? Respuesta: ponerlo a buen recaudo, por supuesto, ¡e invertir para hacer más!

 

Estos es, pues, la base del capitalismo. Es un sistema por el que gente adinerada puede invertir su dinero junto con otros para crear negocios y empresas. Esto es, los inversores compran acciones o participaciones en una compañía con la expectativa de recibir una porción de los beneficios, si esa empresa resulta exitosa (los inversores parece que siempre prefieren ignorar qué sucedería si la empresa es un fracaso). Estas acciones, a su vez, pueden ser compradas y vendidas, y con un poco de suerte, se puede hacer más dinero en las transacciones.

 

Así, la Holanda del siglo XVII vio nacer las primeras compañías de accionistas modernas. Los Países Bajos también vivieron el primer descalabro de la bolsa. Las bombillas en forma de tulipán, tan raras como bellas, se habían puesto de moda. Sus precios se desbordaron. Las personas hipotecaban sus casas para comprar y vender estas bombillas. Pero entonces, en 1637 el precio de éstas cayó y fortunas desaparecieron. ¿Suena familiar? ¿Os acordáis de la burbuja tecnológica? Sin embargo, a pesar de estos contratiempos, Holanda se convirtió en una nación rica y comerciantes, con 10.000 naves, una sociedad liberal y que ascendía de clase social, una gran población de inmigrantes, y universidades que eran la envidia del mundo.

 

El país de Ricitos de oro

Por desgracia, Holanda, siendo parte de la Europa continental, era constantemente amenazada por Francia y España. Gradualmente, el poder económico se trasladó a Bretaña, que tiene la ventaja de ser una isla, y por lo tanto, resulta más difícil invadir. Walter Mead, en su libro "Oro y Dios. Bretaña, América y la creación del mundo moderno", describe a Bretaña como un país de "Ricitos de oro". No era demasiado grande, con el consecuente riesgo de dividirse en multitud de regiones, no estaba demasiado cerca de Europa, pero tampoco demasiado lejos. Había abierto rutas marítimas por el mundo, al contrario que Venecia, atrapada en el Mediterráneo. Era un país fértil y estable en el que el capitalismo y la innovación podrían, de una manera segura, amasar recursos productivos y financieros. En 1688 una lucha por el poder que duró 50 años entre la monarquía y el parlamento terminó con el rey desprovisto totalmente de poder y las arcas nacionales bajo el control del Parlamento.

 

Cómo ganar guerras cuando eres pequeño y débil

A pesar de estar protegidos contra la invasión por el canal de la Mancha, la Inglaterra del siglo XVIII no era inmune a las guerras europeas. Sin embargo, aunque era pequeña y contaba con pocos recursos naturales, Inglaterra fue capaz de vencer a grandes potencias como Francia y España. El arma secreta fue el Banco de Inglaterra, fundado en 1694 para financiar las guerras contra Luis XIV de Francia.

A lo largo de los siguientes años y guerras, la deuda creció y creció. Además, los británicos eran sometidos a fuertes impuestos. Observadores de la época estaban convencidos de que el país alcanzaría la bancarrota. Y sin embargo, ocurrió todo lo contrario. La nación se enriqueció. ¿Por qué? Sencillamente porque la gente tenía confianza en la legitimidad de su gobierno y su banco. Las deudas nacionales se convirtieron en los activos del banco. El sistema funcionaba porque todo el mundo tenía confianza en que lo haría. Mercaderes ricos prestaban dinero a los bancos sabiendo que recibirían intereses y que su capital estaría seguro.

 

Mientras Napoleón se esforzaba, y acabaría fracasando, en su intento de construir un imperio invadiendo países vecinos con ejércitos enormes, Bretaña basó su éxito en crear un imperio controlando algo mucho más abstracto, pero muy importante: rutas comerciales, cuotas de mercado, el mercado financiero y las relaciones estratégicas entre las naciones. El Imperio Británico, que en su máximo apogeo cubrió un cuarto del territorio mundial y su población, fue conquistado principalmente a través del comercio (y con un poco de ayuda de las armas de fuego). El comercio incluía bienes como el algodón, el té..., esclavos y opio.

 

Visión del Mundo

Estudiosos hablan de dos influencias anglosajonas en la creación del capitalismo moderno. La primera es el Individualismo. En esencia, se trata de la creencia de que los derechos del individuo son mucho más importantes que los de cualquier grupo social o político. En lo positivo, el individualismo nos ha dado la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En lo negativo, ha influenciado actitudes egoístas como, "yo primero, y a los demás que les den".

 

La segunda influencia es la idea optimista de que el orden y el progreso en el mundo emergen de manera natural a través de un proceso de intercambio continuo. Fuerzas Naturales, como la competencia, las fuerzas del mercado, la selección natural, la libertad de elección, la "mano invisible de Dios", e incluso la democracia, conjuran de manera misteriosa para guiarnos en la dirección adecuada.

La gran potencia capitalista del siglo XX, los Estados Unidos, continúa promocionando esta visión optimista de un mundo cambiante que se dirige hacia un futuro mejor. Pero, ¿qué nos aguardará el siglo XXI?

 

¿Es éste el fin del capitalismo?

Los seres humanos son especuladores avariciosos y muy malos con las estadísticas. Alegremente nos gastamos 2€ en el Euromillón, cuando la probabilidad de ganar es de 1 sobre 76 millones, y sin embargo, nos cuesta apostar la misma cantidad para ganar 50 céntimos cuando la probabilidad de ganar es el 50%. No parece que vayamos a cambiar, en lo que a esto se refiere. Seguiremos realizando apuestas descabelladas y haciendo inversiones especulativas.

La crisis económica mundial nace de la falta de confianza. La innovación creó nuevas aunque irregulares maneras de comerciar con las deudas. Ahora se aumentará el control sobre el mercado financiero, pero se ha perdido la confianza. Esperemos que ésta se reestablezca, ya que la alternativa es impensable.

Así que no voy a rumiar sobre la alternativa. Imaginaremos un sueño capitalista optimista. Todos los días a la gente se le ocurren ideas descabelladas para terminar con nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Algún día a alguien tendrá una que sirva. Ese día, otra perosan con capital invertirá en esa idea. Otros seguirán y el mundo cambiará (sólo un poquito) a mejor, gracias al capitalismo.

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