Las Primarias de Estados Unidos. Elecciones antes de las elecciones
20/07/2008 - 16:27
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Algunos de mis amigos británicos y españoles me han pedido que les explique la campaña electoral eterna (¿o es un circo?) que lleva todo el año en marcha en Estados Unidos. ¿No son las elecciones en noviembre? ¿Qué es lo que han estado votando desde enero?

Primero unos antecedentes. Las reglas básicas para la elección del Presidente, los Senadores y los representantes en el Congreso se describen en la Constitución Estadounidense. Sin embargo, no se especifica ningún procedimiento para elegir a los candidatos que ocuparán estos cargos. El sistema que este año parece estar operando en modo turbo ha evolucionado de forma gradual durante los últimos 220 años. Así pues, las primarias y los “caucuses” –al igual que el camello o el ornitorrinco- son el producto de la evolución.

En los principios de los Estados Unidos, los candidatos a Presidente eran elegidos en convenciones nacionales, atendidas por delegados estatales, así como otros miembros claves, de los partidos. Estas convenciones siguen celebrándose. La Convención Democrática tendrá lugar entre el 25 y el 28 de agosto en la ciudad de Denver, Colorado. La Convención Republicana está programada para los días del 1 al 4 de septiembre en las “ciudades gemelas” de Minneapolis y Saint Paul en Minnesota.

También se celebrarán convenciones de media docena de partidos menores como el Partido Verde o el “Libertarian”. Estas agrupaciones son demasiado pequeñas para influenciar de alguna manera las elecciones nacionales, así que son generalmente ignorados por la prensa, y no aparecen ni en los periódicos ni en la televisión (a través de Google se pueden encontrar sus agendas electorales).

En tiempos modernos, para cuando llega la hora de las Convenciones, la cuestión de quién será el candidato presidencial para cada partido ha quedado clara con anterioridad, por lo que simplemente se ha de confirmar las nominaciones en una ceremonia más mediática que otra cosa mediática y muy cara.

Me han preguntado por qué algunos estados celebran primarias mientras otros celebran “caucuses”. ¿Cuál es la diferencia? No hay respuesta a la pregunta de “por qué”. Los partidos de cada estado simplemente eligen su método preferido.

Las Primarias, en los alrededor de 40 estados que optan por este sistema, son celebradas con el mismo formato que unas elecciones generales, mediante el voto directo y secreto. La mayoría de los estados tienen primarias “cerradas”, lo que implica que para votar has de estar registrado como miembro del partido. Algunos estados tienen primarias “abiertas”, permitiendo a votantes participar en las primarias de cualquier partido (aunque sólo en una).

Con cualquiera de los dos formatos pueden surgir situaciones atípicas. En las primarias “abiertas”, los miembros de un partido tienen la oportunidad, si así prefieren, de “sabotear” el proceso electoral del otro partido votando a los candidatos que más fácilmente serían derrotados por su propio partido en noviembre.

En cuanto a las primarias “cerradas”, os pongo un ejemplo de cómo algunos de mis amigos tratan el asunto. Aunque son Demócratas, se registran como Republicanos. ¿Por qué? Porque en el distrito en el que viven los Republicanos tienen una mayoría absoluta, y está cantado que el ganador de las primarias republicanas será el que se siente en el Congreso en las elecciones de noviembre. La única oportunidad que tienen mis amigos de influenciar la elección para el Congreso desde su distrito es votar en las primarias republicanas al candidato que creen “menos malo”. En noviembre votarán al candidato demócrata, por supuesto, pero por lo menos han tenido la oportunidad de neutralizar el sufragio predominantemente republicano de su distrito.

Pero no todos los distritos están tan descompensados, y en muchos se demuestra en las elecciones de noviembre que el asunto está muy reñido.

Los “caucuses”, en los estados que optan por este método, son celebrados no tanto como elecciones, sino como foros de discusión. Caucuses locales eligen y envían a delegados a los caucuses comarcales, que a su vez, eligen y envían delegados a las estatales, y de aquí a las convenciones nacionales.

A mi modo de ver, Lewis Carroll en “Alicia en el país de las maravillas” ofrece una explicación muy amena de lo que es un “caucus”: el Dodo propone que los animales deberán participar en una carrera “caucus”. Alicia preguntó, “¿qué es una carrera ‘caucus’?” El Dodo respondió, “la mejor manera de explicarlo es hacerlo”. Así que comenzaron a correr cuando cada uno quiso y pararon a voluntad, de tal manera que no fue fácil saber cuándo había terminado la carrera… Al final el Dodo exclamó, “¡todos han ganado, y todos deberán recibir premios!”

Cuando vemos en las noticias que los electores en las distintas primarias y “caucuses” han votado a Barack Obama o a Hillary Clinton, esto no es del todo exacto. Han votado a delegados que han jurado votar a estos candidatos en la Convenciones. Además de estos delegados, los partidos también envían a otros “super-delegados” (como los llaman los medios), que no han jurado apoyar ninguno de los candidatos de su partido, por lo que tienen la libertad de elegir. Estos delegados sin juramento están designados por las normas internas del partido, y pueden por ejemplo, incluir el gobernador del estado, los congresistas u otros cargos orgánicos.

Una Convención que se celebra sin un claro ganador previo se define como “brokered” o concurrida. Si no emerge ningún ganador de las primeras papeletas en la Convención, los rivales quizá tengan que negociar. Esto crea mucho suspense. La última vez que una Convención ofreció una situación dramática fue en 1960, cuando se vivió una lucha titánica para la nominación entre John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson. Cuando Johnson fue ofrecido participar como vice-presidente, según cuentan los cronistas, lo que respondió no resultó apto para su publicación. Al final, su única oportunidad fue ir de vice-presidente o nada. Aceptó ir de segundo de Kennedy, y el resto es Historia.

¿Serán las convenciones de este año la mitad de emocionantes?

por Mary Gowland

 

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