En el buzón de mi casa recibo un aviso de correos para recogida de una carta de la DGT.
-¡Vaya, una multa! Pues subiré a pagarla el sábado que tengo libre.
- Ir al pueblo es un palo. Ya que hay utilizar el parking aprovecharé para hacer más gestiones. Cola en correos, han cerrado la ventanilla de recogidas y atienden sólo dos personas.
Doy el papel y me lo devuelven.
- Esto está devuelto.
¿Cómo que devuelto si son siete días?
-Le digo que está devuelto.
-Bueno pues dígame donde hay que reclamarlo.
- Usted sabrá.
-Si lo supiera no se lo preguntaría.
- Pues ahí lo pone, en la DGT.
- No, digo reclamar aquí, porque del 23 al 30 son 7 días.
- ¡Ja!, 7 días, hoy es 31, y lo que tiene que hacer es pensar antes de hablar.
Me marcho con la sensación de haberme confundido, pero además mucho más ofendida por el tratamiento que había recibido.
Leo el impreso otra vez. "Puede pasar a retirarlo en la oficina (ver reverso) y plazo indicados (y en negrita) a partir del día siguiente de la fecha de aviso". Luego, si es partir del 24, ¡el plazo vence hoy a las 12:20!
Vuelvo a entrar y le digo que tiene que tener la carta, que el plazo no está vencido.
- ¡No se entera que le estoy diciendo que está devuelto!
- Bueno, pues póngame en este impreso que no me lo entrega y la fecha y hora.
- Yo no le pongo nada.
- Pues entonces deme su nombre para hacer una reclamación.
- Yo mi nombre no tengo por que dárselo.
- Entonces, llame a su jefe.
- El jefe está almorzando.
Cuando llega el jefe, y creo que llega la coherencia, como toda respuesta y sin dignarse a ver el impreso, cuenta con la mano - 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31 ¡Siete días!
No hay solución.
Pero lo grave es que tampoco hay educación. Desconozco si ahora Correos sigue siendo estatal, pero desde luego su personal cumple con todos los requisitos que se le achacan al trabajo funcionarial de sainete. Apático, desinteresado por el trabajo y alejado de toda empatía e interés por atender al cliente.
También desconozco si es verdad que no tienen por qué identificarse, pero estamos acostumbrados a ver la identificación de quien nos atiende en todos los ámbitos, en los bancos, en los hospitales, en los grandes almacenes y hasta en los supermercados.
¿Porqué Correos debe ser diferente?
Queda el recurso de hacer una reclamación. ¿Pero, a quién? ¿Hay hojas de reclamación a disposición del cliente? ¿Dónde lo pone y dónde están los impresos? ¿Cómo hacerlo si desconocemos quien nos ha desatendido?
En estos tiempos en que la clientela hay que ganársela, muchas empresas han optado por entrenar a su personal en la buena práctica de atención al cliente. Parece que Correos ha optado por vender teléfonos y otras cosas de bazar, en vez de emplear otras tácticas. Quizás sea sólo problema de nuestra oficina de Jávea. En este caso, la denuncia pública es el único recurso para que, a quien corresponda, tome buena nota.
Cualquier gerente de una empresa seria así lo haría.
Ana Watt
Jávea. 31.07.2010
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Supuestamente Ud. ha ofendido al colectivo de Correos, ¿Que pensaran sus conocidos de Correos?. Pues no es que se hayan sentido ofendidos, es que Ud. ha usado palabras ofensivas. Pero como no ofende quien quiere, sino quien puede, pues de nuevo, ahí queda eso....