George Hung (Johnny Depp) es un muchacho, criado en una América basada en el trabajo y en el esfuerzo, al que se le inculca el ideal de que el ''dinero no lo es todo''. Pero George decide nadar contra corriente.
Comienza siendo un ladrón de poca monta que, durante el arresto por su primer delito, conoce a unos amigos que le hacen ver el modo con el que se puede ganar dinero rápido, mediante el negocio de la droga. Paulatinamente y gracias a su empeño, George consigue llegar a la cima del éxito, convirtiéndose en el primer hombre que logró, en la década de los setenta, transportar la droga desde el cartel colombiano de Medellín (dirigido por Pablo Escobar; en la ficción Cliff Curtis) hasta Estados Unidos. Pero los excesos le llevarán al declive con el que comprenderá aquello de que ''el dinero no lo es todo'' y, todo lo que consiguió por el camino, como su amigo Diego (Jordi Mollà) o el amor de su mujer Mirtha (Penélope Cruz), se esfumarán junto con su éxito.
El motivo que me lleva a hablar de Blow es, quizás, por estar ante un film extraño, no por su ejecución, sino más bien por sus resultados. Blow forma parte de una serie de películas, hechas con la misma buena voluntad con la que los círculos más cerrados las valoran pero que, en las críticas comerciales más destacadas, han sido vapuleadas.
Blow es, por un lado una película sobre la historia real del protagonista, George Jung, que logró poner en conexión el mercado de la droga, entre Colombia y Estados Unidos y, por otro, la adaptación al cine de la novela, publicada en 1993, por Bruce Porter, "Esnifa: de como un pequeño muchacho de pueblo hizo $100 millones con el Cartel de Medellín y de cómo lo perdió todo".
Cierto que es difícil llevar al cine toda adaptación arriesgada, de una manera que resulte amena, al mismo tiempo que auténtica y sutil. Y cierto es que Ted Demme comete torpezas en Blow que distorsionan la estética de una historia real y aproximan el filme a la comedia irónica de Tarantino como, por ejemplo, la congelación de los planos o los giros bruscos del hilo argumental, en forma de zig-zag.
Un hilo argumental en el que también hay que reconocer que cobran más realce desvíos temáticos que no son lo importante en la esencia de la historia (el desesperado empeño del protagonista por estar en contacto con su hija), cuando se echan más en falta otros como, por ejemplo, un mayor detalle de los momentos en los que la relación con su mujer e hija marchaban mejor, y como comenzó a influir su fracaso en la misma. Un aspecto que el director resume con veloces planos secuencia, descritos por la voz del narrador al compás de la banda sonora; utilizando así un recurso que, si bien resulta indie y dinámico, resta de peso a la veracidad de la película.
Pero reconozcamos que, pese a todo, Blow tiene un "no se qué" que la dota de una vida que malditamente es difícil describir materialmente mientras que es perceptible. Ese matiz podría residir en varios aspectos. En primer lugar, una banda sonora muy bien elegida por Grael Revell, que dota a la historia de un toque muy emocional. En segundo lugar, un reparto amplio, que aborda sus roles con mucha fuerza (especialmente el personaje de Mirtha, descrito por el mismo Pedro Almodóvar como una de las mejores actuaciones de Penélope Cruz en Hollywood). En tercer lugar, un ritmo cuya velocidad, a pesar de entorpecer en momentos puntuales (ya citados) le da vida al interés del espectador por la película. Y, en cuarto lugar, la espontaneidad que habita en el guión, si bien no tanto en la parte que corresponde a los diálogos, sí en lo referente al narrador-protagonista.
En definitiva, una cuantas cosas que hacen que Blow no sea una película maravillosa a nivel de crítica, pero interesante en el efecto sobre el espectador que sabe apreciar su encanto. Quizá es por eso por lo que está mejor valorada en las críticas de usuarios e internautas.
Director: Ted Demme
Música: Grael Revell
Producción: Ted Demme, Denis Leary, Joel Stillerman
Año: 2001
Nacionalidad: Estados Unidos
Género: Drama
Intérpretes: Johnny Depp, Ray Liotta, Penélope Cruz, Jordi Mollà, Franka Potente, Rachel Griffiths.
Duración: 124 minutos
Disponible en videoclubs.
por Pablo Ayala López













