La comedia madrileña, género irrepetible
24/12/2008 - 22:20
   imprimir  enviar a un amigo   disminuir tamaño de letra aumentar tamaño de letra  

Se acercan las Navidades, fiestas que nos incitan a ser cordialmente mas abiertos, y desinhibir nuestras emociones. Aprovechando tales fechas, en este artículo me permito salirme de mi línea habitual de hablar de una película de último o reciente estreno, para destapar mi devoción por un "género" cinematográfico extraordinario: La comedia madrileña.

 

La denominación "Comedia madrileña", puede ser entendida como muchas cosas, o puede no ser nada. Puede ser una realidad cinematográfica que nació al son de la transición, o bien un espejismo conceptual de la famosa "Movida madrileña" extrapolado al cine, e incluso hay autores que niegan su existencia, no considerándola algo más que el mero concepto que es.

Y es que, a pesar del escepticismo surgido incluso de boca de aquellos autores considerados como impulsores del término, este no fue más que una cuña impuesta por los críticos y posteriormente dada a entender al espectador.

 

Con la llegada de la democracia, y el arranque, en la década de los ochenta, del socialismo en el poder, la efervescencia que se vive en la sociedad española, sobretodo a nivel cultural, comienza a traducirse en el cine. Y sucede de modo que las películas muestran a Madrid como la ciudad modelo para una burguesía progre, de clase media, formada por círculos de amigos compuestos por matrimonios, que ejercen profesiones liberales. Como resultado de un país que comienza a modernizarse, los filmes plantean conflictos en los personajes, que emulan la comedia de la clase media americana pero sin perder el cáliz de los avatares con los que cualquier español se siente identificado (desde enredos amorosos, hasta problemáticas de la época como pudieron ser el SIDA o la legalización del aborto). Todo ello contado de una forma amable, con humor o con más ironía, pero nunca sin llegar a lo trágico.

 

Los cuatro maestros

Fernando Trueba: Ópera prima (1980), Se infiel y no mires con quien (1985).

Fernando Colomo: La vida alegre (1987), Bajarse al moro (1989).

Emilio Martínez Lázaro: El juego más divertido (1988).

Pedro Almodóvar: Que he hecho yo para merecer esto (1984), La ley del deseo (1987).

 

Los cinco iconos

Mencionar el nombre de estos actores equivale a decir "Comedia madrileña":

Carmen Maura, una actriz que con el paso de los años sigue espléndida e incombustible; Ana Belén, quien tampoco ha perdido belleza; Chus Lampreave, quien siempre ha sabido llevar a la perfección la condición de señora mayor; Guillermo Montesinos, un protagonista que en las historias de la comedia madrileña recibe siempre la peor parte; y Verónica Forqué, la actriz cómica española por excelencia.

 

 

Y el rey

Antonio Resines. Este actor, nacido en Cantabria, tiene a sus espaldas más de un centenar de películas y es uno de los rostros más populares del cine español. Sería, seguramente, de aquellos que afirmarían que la comedia madrileña sí existió, por que él es quien, a fuerza de sus famosas muecas, su dicción nerviosa y sus gritos imprevisibles, la ha mantenido con vida. Pero caen los años noventa, ha desaparecido la comedia madrileña y el nuevo milenio amanece con un Antonio Resines que increíblemente adopta unos registros cada vez más evolucionados hacia la madurez, dejando atrás el cómico que fue en los ochenta.

 

Dos películas: cara y cruz de una misma moneda

 

Se infiel y no mires con quien

1985. Director: Fernando Trueba. Intérpretes: Carmen Maura, Ana Belén, Antonio Resines, Santiago Ramos, Guilllermo Montesinos, Verónica Forqué, Bibi Andersen y Chus Lampreave.

 

Narra el enredo que se produce cuando dos amigos, Fernando y Paco, propietarios de una editorial de cuentos infantiles, siguen las pesquisas que les llevan  a la idea de que sus respectivas mujeres, Rosa y Carmen (también íntimas amigas entre si), les pueden estar siendo infieles, al mismo tiempo que están a punto de firmar un contrato multimillonario con Adela Mora, una escritora de éxito.

Se infiel y no mires con quien es una historia de enredo, que parece salirle bordada a Trueba, con tal de que la casualidad, el malentendido, la mala suerte y un gag que parodia la obsesión del ser humano con las apariencias superficiales, se combinen con ingenio para crear en el espectador una sutil mezcla entre tensión y carcajadas aseguradas.

Destaca en la película algo muy curioso y es un vestuario y escenografía con un lujo ostentoso empleado atípicamente en la película española, y donde el factor diseño está presente, como telón de fondo, a través del personaje de Guillermo Montesinos. Se crea así un ambiente que define el piso propio de una burguesía, del que los personajes no salen en casi toda la historia. Un ambiente cuya evolución estética cobra vida pasando a ser un elemento más de la historia.

 

La vida alegre

1987. Director: Fernando Colomo. Intérpretes: Verónica Forqué, Antonio Resines, Ana Obregón, Massiel, Guillermo Montesinos, Itziar Álvarez y José Antonio Navarro.

 

Antonio posee un alto cargo como vicepresidente del Ministro de Sanidad y Consumo. Lleva una vida normal junto a su esposa Ana, hasta que un día ésta decide buscar trabajo abriendo su propia consulta médica junto a su amiga Cata. Pero necesitan pacientes, y por casualidad, encuentran en las calles de Madrid, a Manolo, un afable homosexual, a Javi, un drogadicto aficionado a robar, y a Rosi, una prostituta. Entre todos se creara una relación muy especial que irá mucho  mas allá del binomio paciente-médico.

Pero Verónica tiene que hacer frente a diversos problemas: las dificultades para  mantener la consulta abierta, unas inminentes oposiciones y lo peor, las infidelidades de su marido con Ana, la mujer del ministro para el que Antonio trabaja.

La vida alegre podría ser el otro polo de la comedia madrileña, con una historia que, sin perder la ironía y el humor que reinan en el subgénero, se acerca más a la realidad del día a día en los patios y callejones de un Madrid, esta vez menos embellecido. Un Madrid que adolece de crudas realidades, que vienen a ser los daños colaterales de una década donde el sexo, alcohol, drogas y todo vicio, en su día sinónimo de libertad, se convierten en la expresión del fracaso.

También en el film, cambia a un registro más comprometido una Verónica Forqué -que aquel año ganó el Goya a la mejor actriz por una interpretación que ha pasado a ser inolvidable-, un monólogo en plena calle advirtiendo sobre los peligros del SIDA.

La película trabaja un aspecto, que puede considerarse hasta bello: la historia transcurre de forma que los personajes, que encarnan roles sociales muy distintos, actúan poniendo de relieve sus contrastes pero sin que haya ningún signo de prejuicio entre ellos sino todo lo contrario, una unión bajo el manto de un mismo problema. Un respeto moral que la comedia española actual, explota muy poco.

 

por Pablo Ayala López

  imprimir imprimir  mostrar en pdf mostrar en pdf  enviar a un amigo enviar a un amigo
favoritos  facebook  twitter  del.icio.us  digg it!  meneame