El coleccionista de olas
15/11/2008 - 0:34
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Día a día durante todos los días y a primera hora de la mañana se sentaba en el mismo banco del paseo del puerto. Su pelo pintaba algunas canas y las arrugas ya empezaban a surcar su cara. Su fondo de armario denotaba la decadencia de una época antaño próspera y que se había mudado en supervivencia en la actualidad.
Como cada jornada, al dirigirme al trabajo lo veía ensimismado mientras pasaba por su lado, y un cortés “Bon día” salía de sus labios; saludo al que yo respondía entre el sueño y la prisa de las ocho de la mañana.

Algún día que otro, los saludos se convertían en tópicas frases sobre el tiempo o las nubes, pero siempre frases exiguas carentes de contenido y que no requerían que me parase en mi camino al trabajo. Como decorado ante aquellas escenas matutinas el sol naciente sobre la bahía de Jávea daba el pistoletazo de salida al día en un espectáculo bellísimo, que cambiaría gustoso por permanecer una hora más entre las calientes sábanas de mi cama.

Aquella mañana había salido al trabajo mucho antes de lo normal y decidí invertir ese tiempo que me sobraba en intercambiar unas palabras con aquel hombre con el que coincidía todos los días de camino al Club Náutico.

-¡Bon día! ¿Un día más viendo amanecer?-

-A mí el amanecer no me interesa. Yo observo las olas-

-¿Las olas?- respondí con incredulidad.

-Sí. Soy coleccionista de olas. Cuando veo alguna que me gusta, o que rompe con maestría, me la quedo. La colecciono-.

Una pequeña carcajada salió de mi boca. Con una sonrisa benévola me miró y me preguntó: -¿Por qué te ríes?-

Ante la obviedad de mi risa y la evidencia de lo absurdo le expliqué: -Una ola no se puede coleccionar, es algo efímero-.

Con paciencia y sosiego me replicó: -Hay coleccionistas de todo tipo: de sellos, monedas, coches antiguos... Yo no necesito espacio para mi colección y unas olas reemplazan a las siguientes. Es verdad que es algo efímero, pero las cosas más bellas de la vida son pasajeras y a veces intangibles, unos fuegos artificiales, un paseo en barca, el oleaje rompiendo en una escollera...

-Yo colecciono olas, su sonido, color y olor. Una ola desaparece y da paso a la siguiente, como nuestros recuerdos, nuestros años y nuestras vidas. Es una forma de entender que acumulando no conseguimos nada, solo reemplazando.-

Miré el reloj. Se me hacía tarde. Mientras caminaba, para mis adentros deseé ser algún día también coleccionista de olas.

por Rober Caamaño Iglesias

 

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