El porqué de sus lágrimas
07/12/2005 - 1:20
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Empezó a llorar de pequeño, y no paró jamás de hacerlo.
Pasaba el tiempo, y conforme se hacía mayor y se iba desarrollando, lloraba cada vez más.
Pero no era un llanto escandaloso.
Era un llanto suave.
No hipaba ni soltaba mocos por doquier.
Tampoco se lamentaba ni gritaba; no pretendía tampoco que se compadeciesen de él, ni ser el centro de atención.
Quería pasar desapercibido.
Su lloro era silencioso, pausado y sutil, como la puntada de una costurera jubilada.



Y no lloraba porque estuviera especialmente triste o desilusionado.
Tampoco lloraba de alegría, de euforia o de locura.
Ni siquiera sabía el porqué de aquellas lágrimas y llantos continuados.
Pensaba que algún día lo sabría, cuando fuese mayor.
Estaba convencido que algún día hallaría la respuesta.

Nunca se atrevió a preguntarle a su madre, pues al igual que él se pasaba el día llorando y bebiendo agua (algo que el hacía continuamente, más que nada para recuperar líquidos).

"Quizá venga de familia", pensó mientras contemplaba la naturaleza que le rodeaba.
Vivía en un pueblo alejado de las ciudades; cerca de campos de cultivo y muchos manzanos que daban de comer a muchas familias cercanas.

Allí, lejos del bullicio de la peligrosa ciudad podían llorar a gusto, a salvo de preguntas indiscretas y miradas extrañas de gente a la cual le parecería chocante ver a madre e hijo llorar sin motivo aparente.

Un día de abril llegó a vivir una familia cerca de ellos. Se dedicaban a las manzanas.

Una tarde, el pequeño de aquella familia entabló conversación con él.
Armado de valor le preguntó: "¿Por qué lloras siempre?".
Y él le contestó llorando: "No lo sé. En mi familia siempre hemos llorado. Es lo único que sabemos hacer".

"Pues a mí me parece una tontería", respondió el pequeño con insolencia.
Él se quedó pensando. Sintió como si estuvieran hiriendo su orgullo y replicó:

"A mí me parece más patético cultivar manzanas toda la vida".
"Pero por lo menos sirve para algo", dijo el niño.


Entonces por primera vez en su vida comprendió por qué lloraba y cuál era su función.
"Lloro porque tengo dentro de mí las lágrimas de los que no quieren, no pueden o no saben llorar”.
"Derramo las lágrimas del asesino, que es incapaz de hacerlo, lloro por la gente fría y sin sentimientos, porque no saben, y tengo el llanto de los que en esta vida han llorado demasiado y ya no pueden llorar más."
"Lloro por la Naturaleza. Por ti y por mí"

Entonces el Manzano conmovido solo pudo responder con una lágrima al Sauce Llorón.

Rober Caamaño

 

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