In nomine Deum
21/09/2006 - 1:06
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Pontus veris 1706
En aquella estancia de piedra no había más mobiliario que una tosca mesa de madera. En ella, a la luz de dos velas casi consumidas un encapuchado escribe un pergamino. Pasados unos minutos, cuando el pábilo vacilante de la vela chisporroteaba y casi sin luz, la figura extraña acaba el pergamino firmando,
In nomine Deum

Las velas se apagaron y se hizo un silencio profundo en aquella estancia oscura. El encapuchado dobló el pergamino, lo bendijo y lo plegó cuidadosamente. Lo escondió entre unos legajos viejos, y se sentó en una esquina esperando, vigilando.

Poco antes de la hora de Maitines, alguien llamó a la pequeña puerta de madera. Llamaron de la forma convenida: “Sin usar la aldaba, tres golpes suaves, dos fuertes y un susurro”.

El encapuchado abrió con cautela la puerta. Fuera, un niño le esperaba. Tenía los cabellos ondulados.

La estrecha callejuela de piedra estaba desierta y silenciosa. El hombre susurra al niño unas palabras, y le entrega el pergamino disimulado entre los legajos.

-“¡Corre! ¡No mires atrás y no te detengas!

El niño corre calle abajo y el encapuchado en dirección opuesta. Éste lleva sólo una bolsa de cuero puesta en bandolera. Tras varios minutos de cruzar callejuelas entra en una iglesia. Teme que alguien le siga. Entra pausadamente. La iglesia está vacía y las luces y sombras de los cirios dan un aire fantasmagórico al recinto.

Camina por la nave principal hacia el altar mayor, y en el transepto se para. Allí se postra con la frente pegada al suelo.

El silencio se rompe por unas fuertes pisadas. De las dos naves laterales aparecen cuatro hombres vestidos igual. El encapuchado grita:

-“¡No podéis hacerme nada aquí, es un lugar sagrado!

Los cuatro hombres sin mediar palabra lo sujetan y le revisan la bolsa de cuero con rabia.
Dentro había una naranja, un crucifijo y documentos sin valor. Uno de ellos rompe los documentos y le da una patada a la naranja. Con desprecio, otro le baja la capucha al desconocido y le propina una sonora bofetada. El cabecilla con un gesto indica que hay que irse. Los demás le sueltan con violencia, golpeándolo contra el suelo y desaparecen por la sacristía.

El hombre, con una sonrisa, llora de alegría, dolorido aún por los golpes. Se levanta y mira al sagrario y se santigua. Con cuidado recoge la naranja que había rodado debajo de un banco, y se va.

Pontevedra 2006
Javi y Julián estaban jugando a un videojuego de fútbol cuando de repente Álex les manda sendos SMS a sus teléfonos móviles: “Vnid a mi ksa Rapido!”.

Ya en casa de Álex entran en su habitación y ven un revuelo tremendo de papeles y apuntes de latín por todos los lados.

-“¡He encontrado esto!”, les dice señalando un libro viejo, “Dentro de una de las tapas interiores había un pergamino deteriorado adosado.

-”Está en latín”, dice Javi.

Lo sacan con cuidado y lo intentan traducir a base de diccionarios y apuntes. Según avanzan los ojos se les abren de sorpresa. No pueden creer lo que están leyendo, ni el descubrimiento que están haciendo. Se miran unos a otros.

-“¡Dios mío!”, exclaman.

Mientras, sin que ellos se den cuenta, por debajo de la cama rueda una naranja.

por Rober Caamaño Iglesias
Guionista aficionado y marinero del CNJ

 

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