Los Cazadores de la Selva
26/07/2008 - 0:47
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La luna menguante esparcía una pálida luz plateada que se reflejaba en las hojas levemente mojadas por la niebla nocturna.   Era la situación preferida de los Cazadores nocturnos, los habitantes más intrigantes de la Selva.   La luz del sol les provocaba desprecio y solo sentían el cosquilleo de la adrenalina y el placer cuando la noche empezaba a cubrir el orbe con su oscuro manto.

Aquellos cazadores eran muy jóvenes, pero curtidos a la hora de cazar, por innumerables noches fuera buscando presas que llevarse a casa, para después devorarlas y tirar los despojos con una mueca de desprecio.

Apenas conseguían una pieza, ya estaban maquinando otras artimañas y trampas para dar caza a la siguiente, y así sucesivamente un fin de semana tras otro. Casi siempre hembras, por la suavidad de sus pieles y su deliciosa carne. En la plena oscuridad estos cazadores habían desarrollado un sexto sentido que les permitía establecer un objetivo y espiar sin ser vistos. Una especie de vista nocturna de búho viejo con toques de murciélago, que les permitía orientarse y mimetizarse perfectamente en el oscuro entorno.

Sus lugares preferidos para cazar eran los alrededores de los poblados, pues los animales nocturnos se sentían atraídos por la claridad y el humo de las hogueras, las luces diversas producidas por los colgantes de cristal y las piedras de colores que colgaban de las chozas.

El ruido a veces pausado y otras veces frenético de los tambores, lejos de asustar a los animales, los atraía e hipnotizaba; ocasión que aprovechaban estos Cazadores para abalanzarse sobre sus capturas y llenar un poco su bolsa, su palmarés y su codicia.

Había noches que la cacería no daba el resultado esperado, y los que iban de vacío miraban con envidia insana a sus otros compañeros, maldiciendo entre dientes y mascullando palabras ininteligibles, esperando que llegara pronto el próximo día de caza y resarcirse de tal resultado.

Sin duda lo que más caracteriza a estos Cazadores nocturnos de la selva, era la ambición. Algo incontrolable para ellos. Aunque la noche hubiera sido buena, y llevaran consigo una pieza considerable, no se conformaban. Miraban las de los otros con mayor deseo que la suya propia; y no dudarían un instante en dejar su botín junto a cualquier árbol para ir a cazar otra que hubieran visto en ese momento.

Estos son a grandes rasgos las características de los Cazadores nocturnos de la Selva. Esa Selva de cemento y destellos de colores desenfrenados de un fin de semana. Es el territorio ideal para estos Cazadores que acechan cada noche junto a las luces y la música de las discotecas, buscando presas una noche tras otra para llevárselas a su lecho.

por Rober Caamaño Iglesias

 

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