El Montgó en tu jardín
22/01/2009 - 11:34
   imprimir  enviar a un amigo   disminuir tamaño de letra aumentar tamaño de letra  

Contribuye a mantener la biodiversidad con un jardín de especies autóctonas

Los habitantes de Xàbia tienen una suerte extraordinaria: viven en uno de los 34 puntos calientes del planeta. ¿Punto caliente? ¿Quizás se refiere a las temperaturas del verano, o a las actividades nocturnas de los bares del Arenal? No, señor. Se refiere a algo que no se puede tomar a la ligera: la biodiversidad de la comarca.

La biodiversidad. Una palabra tan de moda, que rellena los discursos sobre el medio ambiente. ¿Pero de que se trata? Pues, de la diversidad de todos los seres vivos, incluyendo el ser humano. Así que la biodiversidad se refiere no sólo a la diversidad de las plantas, de los animales y micro-organismos, pero también de los paisajes y de las culturas.

Es un milagro en equilibrio, el resultado de millones de años de evolución de la vida. Y ese milagro hoy es amenazado por uno de sus constituyentes: el potente Homo sapiens sapiens. La buena noticia es que al ser parte del problema, también podemos ser parte de la solución, y eso con una herramienta muy sencilla: nuestros jardines. Ese fue el tema de una charla apasionante organizada por el Parque Nacional del Montgó el pasado 5 de Diciembre en Jesús Pobre.

La Marina Alta, un tesoro botánico frágil
La diversidad de la vida se distribuye de manera muy desigual. Así que el planeta cuenta con 34 "puntos calientes" de biodiversidad - lugares que sustentan más de 1500 especies nativas pero que han perdido más del 70 % del hábitat original. Esos hotspots albergan el 50%  de las especies vegetales y el 42 % de los vertebrados terrestres en apenas 2,3% de la superficie de tierra. Los bosques tropicales son de los más conocidos, pero poco se sabe que también los ecosistemas mediterráneos son milagros de biodiversidad, sosteniendo el 20% de las especies vegetales del planeta. Y como hemos podido notar en la Costa Blanca, son sometidas a una fuerte presión antrópica, amenazados por la urbanización, la polución y la presencia humana en general.

La Marina Alta es uno de estos puntos calientes de biodiversidad - no solo por sus inmigrantes de decenas de orígenes, pero también por su situación de "frontera", su historia geológica y su clima suave, que además de atraer a los ingleses o alemanes, también resulta que alberga más de 1500 especies de flora procedentes de 7 regiones biogeográficas diferentes.

Así que el Parque  Natural del Montgó, con sus 2100 hectáreas, cuenta con más de 650 especies vegetales, de las cuales 117 se consideran endémicas - lo que significa que solo existen allí -, raras o en peligro de extinción. En el área de influencia del Parque encontramos hasta 900 especies vegetales, albergadas en varios hábitats tales como los acantilados litorales, las maquias y bosques, barrancos, y también los cultivos o pedregales. Esa flora, a la vez, soporta una gran variedad de lagartos, aves y mamíferos.

Pero el área peri-urbana, con una fuerte presencia del mamífero humano, sufre la invasión de residencias, viales e infraestructuras, que no sólo destruyen esos hábitats naturales, sino también resultan en varios tipos de poluciones dañinas para la vida salvaje: tóxicos en la atmósfera, ruido y exceso de luz nocturna.

Jardines peligrosos
Pero hay otra fuente de peligro para la flora local que poco se sospecha, y son las plantas de nuestros jardines. La mayoría son "exóticas", o sea que no son nativas de la comarca. Esas especies, en su lugar de origen, viven en equilibrio con otras plantas competidoras y a veces con predadores, parásitos y enfermedades que limiten su desarrollo.

Una vez trasplantadas lejos de su ecosistema natural, se pueden convertir en invasoras, e incluso puedan llegar a ocupar de manera exhaustiva nuestros espacios naturales, desplazando las especias autóctonas por transmisión de enfermedades, competencia o hibridación. No se trata de especies "malas" en sí mismo, sino de especies que se desarrollan en lugares inadecuados.

Así que una especie autóctona muy discreta en un lugar puede convertirse en una potente invasora en otro ecosistema. De esta manera, plantas "inocentes" de otros lugares pueden llegar a ser invasoras aquí. Lo mismo ocurre con nuestras plantas autóctonas, que pueden causar problemas en otras zonas. Por ejemplo la hiedra y la valeriana roja es invasora en EEUU.

Las invasoras más peligrosas en nuestros ecosistemas son el jacinto de agua (Eichhornia crassipes), una invasora de los cursos fluviales y zonas húmedas, procedente de la cuenca del Amazonas, la Ludwigia grandiflora, también originaria de América del Sur, y el Arundo donax, más conocido aquí como caña o carrizo, originaria de la India. Extendida por Europa desde antiguo, desplaza a la vegetación de ribera original.

Otras invasoras que a menudo salen de los jardines son la yuca, el agave, la uña de gato, el aloe vera, el eucalipto, la falsa acacia, las Opuntias, o el Ailanthus altissima (ailant o arbre pudent), que crece muy rápido por chupones de raíz y libera compuestos que impiden el crecimiento de otras especies. Nada que se deba tomar a la ligera, ya que las invasiones de especies exóticas son la segunda causa de extinciones de especies vivas, después de la destrucción de hábitats.

Jardines autóctonos, jardines vivos
Pero existe una solución. Podemos utilizar nuestros jardines como fuentes de regeneración de la biodiversidad local. El primer paso consiste en hacer el esfuerzo de conocer la flora de la región, y de plantar especies locales en lugar de exóticas. También podemos dejar crecer las plantas locales que aparecen naturalmente en nuestro jardín, en vez de eliminarlas como "malas hierbas".

Para que se restaure la biodiversidad debemos abandonar de una vez todo tipo de químicos peligrosos, tales como los herbicidas, plaguicidas y pesticidas, dañosos para el ecosistema y la salud, ya que causan cánceres, alergias y patologías del sistema nervioso y reproductor. Esos venenos no tienen nada que hacer en un jardín de ocio. Cuantos menos pesticidas, más diversidad de flora y fauna (especialmente insectos, lagartos y aves), más equilibrio entre los organismos, y aún menos venenos se necesitan. A eso se le llama "círculo positivo", y es lo que hace la agricultura ecológica aplicada a la jardinería.

Otro paso importante para proteger el ecosistema local es no tirar los desechos vegetales, especialmente los residuos de poda, en un lugar descontrolado, ya que pueden contaminar e invadir la naturaleza. Sería mejor convertirlos en compost, un abono natural muy rico y gratuito. 
También hay que respetar las condiciones de crecimiento de las especies locales: muchas de ellas están bien adaptadas a la sequía. El tomillo, por ejemplo, se muere si lo regamos durante el verano.

Con la ayuda de Fundem
La verdad es que comprar especies locales en viveros puede ser muy difícil, ya que ganan más dinero con especies exóticas. Un jardín hecho con plantas locales no necesita mucho mantenimiento. Una vez instaladas, las plantas autóctonas crecen por sí mismo, como en la naturaleza, sin necesitar mucha poda, riego o abono. Pero los jardineros que desean desarrollar un jardín autóctono pueden contar con el apoyo de la fundación Fundem.

Esta organización sin ánimo de lucro, establecida en Valencia, se dedica a la protección de la naturaleza, comprando terrenos de alto valor de conservación. Tiene una reserva de 240 hectáreas en el norte de la provincia de Castellón, y un jardín de 5 hectáreas en Pedreguer.

Este jardín fue desarrollaron a partir de flora autóctona, y se puede visitar los últimos sábados de cada mes. Es un lugar de encanto, y un perfecto ejemplo de lo que se puede cumplir con las especies locales. La fundación mantiene una lista de viveros donde se pueden comprar esas especies, y las pone a la disposición de sus miembros.

Así pues, ser miembro de Fundem nos permite saber más sobre jardines ecológicos -y la cuota que se pague como miembro se utiliza para comprar más terrenos y así aumentar la superficie de sus reservas. Una buena manera de contener la invasión del ladrillo y preservar la belleza de la naturaleza.

Contactos :
Fundem (Fundación Enrique Montoliu), Tel: 963 523 099, www.fundem.org
Parc Natural del Montgó (PNM), Tel: 966 423 205, e-mail: parque_montgo@gva.es
http://parquesnaturales.gva.es
Empresa jardinera que defiende el jardín autóctono: Mediterránea-Ecogarden www.mediterranea-ecogarden.es

 

-----------

por Anne Gouyon Licenciada en Agronomía y Doctorada en Socio-Economía, y autor de libros sobre la ecología y la economía: "Reparar la Planeta, la Revolución de la Economía Positiva" (JC Lattès, Paris) y las guías de Turismo sostenible The Natural Guide. Contacto: editor@naturalguide.org

  imprimir imprimir  mostrar en pdf mostrar en pdf  enviar a un amigo enviar a un amigo
favoritos  facebook  twitter  del.icio.us  digg it!  meneame
Noticias relacionadas