El Parque Natural presenta sus aves nocturnas
16/08/2010 - 22:03
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La semana pasada, desde el Parque Natural del Montgó se organizó una visita nocturna al área de Las Planas para conocer más de cerca los diferentes tipos de búhos que habitan el espacio protegido y avistar las estrellas y las lágrimas de San Lorenzo.

Sin embargo, más que lágrimas fue la lluvia la protagonista, ya que una fuerte tormenta convirtió el paseo en toda una aventura, y el que no se refugió en su coche, esperó a que pasara el chaparrón en la caseta del área recreativa que el director del Parque, Paco Cabrera, abrió para que los excursionistas se pudieran resguardar.

Por suerte, dio tiempo justo para que la técnico del parque, Sonia Casaudoumeq, explicara algunas de las singularidades florísticas de la zona, como el Carduncellus dianius, y por qué en el Parque Natural del Montgó se encuentra tal variedad de plantas, muchas de ellas con su mayor población en este espacio protegido.

Pero no sólo por las plantas se distingue este peculiar macizo, rodeado por zonas urbanas y límite geográfico entre el norte y el sur de Europa. También las aves nocturnas son el centro de atención de muchos ornitólogos que dedican largas noches a estudiar las poblaciones y comportamientos de estos huidizos animales a través de sus reclamos y sus nidos.

El técnico del parque, Roque Belenguer, explicó a la treintena de excursionistas las peculiaridades de varios búhos. El autillo es una especie muy pequeña, que cabe dentro de la palma de la mano. Se trata de un pájaro migratorio que pasa los inviernos al sur del Sáhara, y la primavera hasta el final de verano encuentra su hogar en las inmediaciones del Parque Natural del Montgó. En concreto, necesita árboles viejos con agujeros. La hembra, que es más grande, caza cucarachas, mientras que el macho va a por los insectos más pequeños. Y su reclamo suena como una flauta o como un sapo partero.

En el otro extremo está el búho real, o brúfol, del que varias parejas habitan en el Montgó, viviendo en zonas de cortados. En noviembre y diciembre es cuando se escucha su reclamo -ya que están en celo-, que suena como un gato o una oca. Los ornitólogos estudian sus egagrópilas, bolas regurgitadas con todo lo indigerible, en las que se han visto restos de cráneos, pelos y huesos de sus presas, pequeños mamíferos que van desde las ratas hasta pequeños perros.

El carabo es el búho más típico de la Marina Alta y se distingue de sus primos en que tiene los ojos negros. Habita en pinos viejos o en cortados, y está habituado a la presencia de humanos, por lo que a menudo se los encuentran en granjas y cementerios. Su reclamo es el típico sonido de noche terror y se parece a las psicofonías.

El mochuelo cada vez es más difícil de ver, aparte de aplastado sobre la carretera. Su reclamo se parece al maullido de un gato o de una gaviota. Mientas que el búho chico aparece en las masas forestales ocupando los nidos abandonados de rapaces o ratas.

Pero no sólo los búhos vuelan por la noche, y es que tampoco hay que olvidarse de los murciélagos, y en concreto del ratonero peludo, en peligro de extinción, que tiene una de las poblaciones más importantes precisamente en el Parque Natural del Montgó. Vive en pinos, viejos y jóvenes, acantilados y cuevas, y se dedica a cazar mosquitos. Este quiróptero puede ingerir varios centenares por noche, ideal  para una zona como la nuestra, endémica de paludismo.

 

 

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Comentarios (3)enviar comentario enviar comentario
3 | 19/08/2010 9:53
jajajaj lo has clavado !!! Diafebus,
por favor ke escuxen a este lector !!!!!!!!!!!!
2 | 19/08/2010 9:00
amén, no se puede decir mas claro.
1 | 18/08/2010 16:31
Vaya, yo pensaba que las únicas aves protegidas de las planas son los cuervos de La Hacienda. Espero que a los visitantes también les hablen de la contaminación acústica del parque, de los quilos de desperdicios en las cunetas, de los coches parados en mitad de la carretera, de los salvajes que apedrean a los perros cuando salen de la Hacienda y les molesta que les ladren, del peligro de incendio que supone tener una discoteca en mitad de una zona de pino y matorral... ah, no que de eso no toca hablar. Pues nada, vamos a seguir haciendo como que todo va bien. Luego no se extrañen si en vez de una lechuza lo que encuentran en lo alto de un árbol es un pijo puesto de cocaína hasta las trancas que ha venido a ejercer el justo derecho de conquista. Me dan ganas de vomitar.