Opinión
El mítico Montgó nevado
11/01/2010 - 19:38
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El Viernes ocho de Enero el Montgó, nuestra mayor referencia en altura y tótem local y de aledaños, amaneció imponente con su cima blanquecina, testimonio del frío invierno que vivimos.

Pero esta vez se ha quedado arriba la nieve, en su cresta. Abajo esperábamos con alegría que nevara, parecíamos niños por la expectación contenida, como quién espera un regalo blanco del frío polar prometido, y aún abrigamos la ilusión de ver caer nieve sobre nuestras cabezas cualquier día de estos, porque tenemos posibilidades según las predicciones del tiempo, y porque apenas sobrevolamos unos grados sobre cero.

Vaya sorpresa la nieve, se hizo esperar. Y si no vivimos el sueño de ver nevar sobre el mar, saldrá el sol de entre las nubes a regalarnos días radiantes y fríos, de centelleante verde vegetal, porque en el cielo encapotado vagaban ligeras las nubes anunciándonos el luminoso presagio.

Aguardamos inquietos la sorpresa blanca, aunque por ahora solo haya cuajado allá arriba, como en las grandes montañas.

Cuando vi nevado al Montgó, recordé al Fujiyama, al Teide, míticos volcanes, reminiscencia de lecturas infantiles fantásticas y lejanas.

El Montgó no es un volcán, pero tiene la apariencia de los grandes dioses sobresalientes del planeta, y erguido con su cumbre blanca y el viento helado fustigándonos, añade a nuestras vidas la hostil sensación de las ventiscas que acarician los glaciares. 

Las cumbres de las montañas del interior a lo lejos se ven nevadas. En algún momento llegué a creer que la lluvia y los días grises se habían instalado para siempre entre nosotros, todo húmedo, encharcado, frías paredes y suelos. Sumergidos en un mundo acuático parecíamos. Y cuando las lloviznas apenas perceptibles nos fueron dejando, el blanco velo de nubes en su cresta se deslizó sigiloso, para regalarnos la nieve sobre su cabeza.

Ahora voy tan arropado que creo que viviremos un invierno sin tregua. Pero sé que la característica luz mediterránea regresará a darle brillo al invierno, al Montgó, nuestro tótem nevado, nítida presencia mirando el entorno, más grande, más mítico que nunca.

 

por Luis Vargas

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