En Julio, entretuve a los lectores de XAD con una descripción del circo más conocido como las “elecciones primarias” en los Estados Unidos. Este mes he vuelto para confundiros aún más con una explicación de cómo contabilizamos los votos en nuestras elecciones presidenciales. El sistema no es tan excéntrico como parece. Fue diseñado con mucho cuidado por nuestros Padres Fundadores quienes redactaron nuestra Constitución. Por desgracia, después de 220 años, la “Ley de Consecuencias no Intencionadas” está haciendo estragos. El Sistema de Colegios Electorales ahora es ampliamente criticado, además de anacrónico e injusto.
El problema original
Primero, veamos qué hay en el fondo –cómo y por qué este sistema comenzó de la manera que lo hizo. Los Padres Fundadores de Estados Unidos eran hombres inteligentes, razonables y con un buen entendimiento de la Historia y de la teoría política. Eran también, por necesidad, políticos. Su tarea fue la de conformar una unión válida –una nación- con las trece colonias que se habían separado de Inglaterra. No había garantía de éxito. Las colonias podían haberse balcanizado en dos o tres –o incluso trece- pequeñas naciones, cada una de ellas débil y vulnerable.
Para evitar una desintegración tan desastrosa, lo redactores de la Constitución debieron de encontrar un equilibrio entre los intereses del norte y del sur, áreas rurales y ciudades, estados agrícolas e industriales. Tenían que asegurar a las regiones poco habitadas que tendrían influencia en el gobierno de la nación, y no estar a expensas de las regiones con mayor población.
La solución
Para llegar a este punto de equilibrio, nuestro cuerpo legislativo (el Congreso) está conformado por dos cámaras, el Senado y la Casa de los Representantes. En la cámara alta, el Senado, cada Estado tiene dos Senadores. En la Casa de los Representantes, el número de estos para cada estado depende de su población en el censo más reciente. Así, como se puede ver, en la cámara alta cada estado tiene la misma influencia, mientras que en la cámara baja, son los estados más habitados los que tienen más poder.
El número total de Representantes ahora está fijado en 435. Cada estado debe tener por lo menos un Representante. Cada 10 años, cuando se actualiza el censo, algunos estados ganan asientos en la Casa de los Representantes, mientras que otros los pierden. Los Estados Unidos no utiliza la “Ley d’Hondt” para repartir los asientos, sino que cada estado está dividido en distritos geográficos de votación, basado en su número de representantes al Congreso. Por ejemplo, yo estoy registrada para votar en el distrito número 10 del estado de Georgia, en la zona noroeste. Mi municipio, Athens, estaba en el décimo distrito de un total de 10 cuando yo vivía allí en los setenta. Durante un tiempo, en los noventa, se reconfiguraron los límites de los distritos para colocar a Athens en el undécimo de once. Desde el censo del 2000, con el incremento exponencial de la población de Georgia, Athens ahora está en el décimo distrito de 13, y mi estado ahora tiene 13 Representantes. Sin embargo, en un estado con población muy baja, como puede ser Montana, resulta un único Representante.
El Senado, sin embargo, ha permanecido constante con 100 miembros desde 1959, cuando el número de estados alcanzó los 50. Si en algún momento se llegara a añadir un nuevo estado a la unión (por ejemplo, Puerto Rico), dos nuevos Senadores serían añadidos. Los Senadores elegidos representan la totalidad de su estado. Cada ciudadano estadounidense es representado en Washington por un representante en la cámara baja y dos Senadores en la cámara alta.
En la prensa a menudo se usa la palabra “grande” para referirse a los estados más populosos. Es una expresión que hay que recordar que no se refiere al tamaño físico del estado, sino a lo poblado que está. Alaska, por ejemplo, es el estado más grande en superficie, pero es “pequeño” en población, y de hecho está en el puesto 48 de 50. California y Texas, sin embargo, son “grandes” en ambos sentidos de la palabra. Alaska tiene sólo un miembro en la Casa de Representantes, en contraste con los 53 de California. Ambos, por supuesto, tienen dos Senadores.
El Colegio Electoral
La representación de los estados en el Congreso determina cuánta influencia tiene cada estado en las elecciones presidenciales. Un estado tiene un número asignado de “electores”, equivalente a la suma de sus Senadores y sus Representantes. (Tantas explicaciones para contarte el sistema de nuestros Senadores y Representantes.) Ningún estado puede tener menos de tres votos electorales, ya que todos los estados tienen dos Senadores y un Representante como mínimo.
Un caso especial es el Distrito de Columbia (Washington, D.C.). La ciudad capital no forma parte de ningún estado, ni tampoco es un estado en sentido propio. No tiene ni Senadores ni Representantes en el Congreso. Gracias a una enmienda de la Constitución en 1961, el Distrito de Colombia tiene tres votos electorales. Antes de esta enmienda, los residentes en Washinton, D.C. no tenían ningún tipo de influencia en las elecciones presidenciales.
Técnicamente, no es correcto decir que un votante americano da su voto a un candidato presidencial, sino que cada votante marca en su boleto la lista de electores de su estado que han prometido respaldar al candidato que el votante quiere elegir. Cuando los votos son escrutados, el candidato –es decir, la lista de electores- que recibe la mayoría del voto popular de un estado (o una pluralidad si hay más de dos candidatos) recibe todos los votos electorales del estado. Una excepción son los casos de dos estados: Maine y Nebraska, que utilizan la representación proporcional para asignar a sus electores. En los otros 48 estados, un candidato que recibe el 50.1% del voto popular (o incluso, si se diera el caso, el 35%, si hubiera tres candidatos contestando) se lleva el 100% de los votos electorales del estado. Los estados son libres de elegir las reglas para determinar a sus electores. Todos podrían optar por la representación proporcional, como Maine y Nebraska, si quisieran. Es un asunto que se decide a nivel de estado, y no viene definido por la Constitución de Estados Unidos.
Si todos los estados usaran la representación proporcional para asignar los votos electorales, Al Gore habría recibido más votos que George Bush en las elecciones presidenciales del 2000. Asimismo, si las elecciones de Estados Unidos fueran realizadas mediante voto popular directo –un hombre, un voto, en toda la nación-, Gore habría ganado las elecciones del 2000.
Sin embargo, éste no es el caso habitual. De hecho, en las 55 elecciones Presidenciales desde las primeras celebradas en 1789, sólo ha habido cuatro en las que el resultado final no reflejó el voto popular. E incluso en esos casos, la discrepancia no fue notable.
51 elecciones diferentes
Así que podemos ver que no hay realmente unas elecciones nacionales a Presidente de los Estados Unidos. Sino que hay 51 elecciones diferentes en los 50 estados y Washington, D.C. De estas 51 elecciones, se destila el voto popular de una nación con más de 142 millones de votados registrados en 538 sufragios. ¿Es esto democrático? ¿Es justo?
¿Es justo? A primera vista, parece que el sistema favorece a los estados más “grandes”. Sin embargo, las matemáticas confirman lo contrario. California, con casi el 12% de la población de todo el país, tiene sólo el 10.2% del voto electoral. Los siente estados menos habitados juntos tienen el 3.9% del voto electoral, aunque en ellos viven sólo el 1.65% de la población nacional. Esto parece injusto, ¿no? Pero significa que el sistema aún es capaz de lograr hoy aquello para lo que fue diseñado. Da una oportunidad a los ciudadanos de las zonas menos pobladas para afirmarse.
En mi opinión, el hecho de tener 51 elecciones separadas para la presidencia no es algo malo. En el día de las elecciones, cada estado elige a sus Senadores y Representantes para Washington, así como los delegados para su propio estado. Cada estado, al mismo tiempo, vota cuestiones particulares –desde impuestos sobre la propiedad, hasta la política de educación, o directrices medioambientales. Es lógico incluir el voto para la Presidencia y Vicepresidencia en el mismo boleto. Aunque quizá no parezca tan razonable que se vote, no al candidato presidencial, sino a la lista de electores que han jurado su lealtad a ese candidato.
Una reforma - ¿es necesaria?, ¿es posible?
Aquellos favorables al sistema de Colegio Electoral defienden que este sistema promueve la estabilidad en el gobierno al disminuir la influencia de partidos pequeños periféricos. El argumento contrario estipula que, en efecto, el Colegio Electoral suprime a los partidos pequeños, y por tanto va en contra de la pluralidad.
Habrá unos diez partidos pequeños para las elecciones del 2008, como los Verdes, los Libertarios, y el Partido de la Paz y la Libertad, entre otros. Es muy poco probable que cualquiera de estos alcance a representar un solo estado, así que seguramente ninguno recibirá votos electorales. En las elecciones de 1992, el independiente Ross Perot logró el 19% del voto popular en toda la nación, sin embargo, no consiguió ni un solo voto electoral.
Muchos insisten en que el sistema del Colegio Electoral necesita una reforma. ¿Se puede cambiar la Constitución? Sí, se puede presentar una enmienda. Hay ya 27 enmiendas a la Constitución (¡incluso hay una que repara a otra anterior!). El procedimiento para alterar la Constitución es complicado y lento. Una enmienda debe ser propuesta por el Senado o la Casa de Representantes. Luego deberá ser aprobada por mayoría de dos tercios en ambas casas. Si logra pasar, entonces la enmienda debe ser ratificada en el órgano estatal encargado de aprobar las leyes (state legislature) por lo menos por 38 estados. No es necesaria la firma del presidente para enmendar la Constitución.
En los últimos 200 años, se han introducido más de 700 propuestas en el Congreso para reformar o eliminar el Colegio Electoral. Ha habido más propuestas de enmiendas relativas al Colegio Electoral que a cualquier otro asunto. Sin embargo, ninguna de ellas ha pasado el primer obstáculo de lograr el apoyo de dos tercios en ambas cámaras. Consecuentemente, ninguna enmienda constitucional del Colegio Electoral ha sido enviada a los estados para su ratificación.
Fuente: Archivos del Gobierno
Las encuestas populares muestran que la mayoría de los estadounidenses prefieren que el sistema del Colegio Electoral cambie. Evidentemente, esta “preferencia” no es más que una respuesta pasiva a un cuestionario. Realmente hay pocos indicios de una demanda activa para el cambio. Si los ciudadanos se tomaran más a pecho este asunto, lanzarían una campaña para convencer a sus Senadores y Representantes que debe tomarse en serio la enmienda de la Constitución.
por Mary C. Sears















