No hay duda de que la cultura francesa es muy diferente de la española, como consecuencia de la Historia, es decir, de todo aquello que ha creado el modo de pensar de la mayoría de la población. Está claro que España ha cambiado mucho en los últimos treinta anos. Sin embargo, parece que la cultura básica española más o menos no ha variado, pese a los cambios políticos o sociales. Consecuentemente, visto desde Francia, España parece “la misma y otra”.
Para los franceses, y hasta los sesenta, España era un país muy conservador, dominado por el gran poder de algunas fuerzas como la Iglesia, el Ejército y una clase social cuyos objetivos no eran otros que los de guardar sus privilegios. Respecto a esta situación, ¡se puede entender que incluso el menos liberal de los franceses pueda ser visto como un “revolucionario”!
Hoy en día, está claro que el juicio de los franceses ha cambiado mucho. España es para ellos un país moderno y abierto, en otras palabras, un país europeo. Aunque eso no significa que los franceses entiendan bien lo que pasa en España.
Pocos comprenden algunos problemas que parecen preocupar mucho a la sociedad española, por ejemplo las voluntades de independencia de Cataluña o del País Vasco, y quizás incluso de otras provincias.
Otros ejemplos: la Carta de la Ciudadanía o, por ponerlo de otra manera, los debates sobre las dificultades de ponerla en práctica; los problemas del urbanismo, con las estafas aireadas en la prensa cada día, o casi cada día; el estatuto de la Iglesia o el de la Monarquía…; por no hablar de la Ley de la Memoria Histórica, que tiene por objetivo condenar el franquismo,… con más de 30 años de retraso, ¡y sin ninguna consecuencia legal!
Pero lo que más sorprende a los franceses son las contradicciones de la sociedad española. Parece que hubiese dos “españas”, y que las distancias entre ambas se amplían. Es de prever que el mayor problema de España sea la unidad del país, no solo por los problemas con las provincias, más o menos independentistas, sino también por los problemas derivados de las mentalidades separadas.
En Francia, donde hay una unidad ideológica, basada sobre las ideas del Siglo de las Luces, a pesar de algunas diferencias, es difícil entender que España no haya logrado una visión consensuada de la sociedad. ¡Claro que, esta dificultad de comprensión es aún mayor para los países del Norte de Europa!
A medio plazo, se puede cuestionar que España sea capaz de conseguir encontrar una misma cultura, con algunas diferencias –lo que es normal en una democracia-, pero con más puntos de acuerdo que los que hay ahora.
La verdad, parece que España todavía tiene una tradición de “violencia”, incluso de violencia política. Y es que el país parece ser incapaz de resolver los problemas con otros medios aparte de la violencia pura, aunque esa violencia se haya vuelto un poco más “civilizada” que hace unos años, gracias a la democracia. Pero existe el temor de que la cultura española básica no es una cultura de consenso, sino de enfrentamiento. ¡Es curioso que casi todos los países de historia y de cultura hispánicas tengan las mismas dificultades para encontrar cualquiera forma de solucionar, de forma pacífica, los problemas sociales!
Está claro que España fascina a los franceses que se interesan por ella. No solamente por los resultados económicos o por el hecho de que el país haya logrado a pasar de la dictadura a la democracia sin demasiados dramas, sino también por los cambios en el modo de pensar y en el modo de vivir de la mayoría de sus ciudadanos, especialmente de los jóvenes.
Fascina pero no tranquiliza. Y es que aunque el futuro del progreso pueda parecer más bien positivo, ¡lo que tranquilizaría de verdad sería saber que los españoles pueden vivir juntos, sin recurrir a la violencia, ni siquiera a la violencia verbal! ¡Sí a la paz cívica! Pero me temo que, salvo que me equivoque, aún no ha llegado ese día.
No se trata de exagerar. Ya no hay guerra civil en España. Sin embargo, para nosotros parece claro que existe una “música de fondo” política y cultural, comprensible por la Historia, pero que no pinta muy positiva para el futuro del país. Si hay algo que la tradición francesa puede aportar a España, es la tolerancia basada sobre la Razón y el Humanismo. ¡A pesar de que Francia a veces no respete estos valores!
¡A veces, visto desde Francia, podemos entender lo que decía Miguel de Unamuno, “me duele España”, u Ortega y Gasset, “España es un dolor”! Ojalá os deje de doler, aunque puede que el camino sea un poco duro. ¡Suerte España!
por Michel ZELLER. París. Francia.















