Quien no haya soñado nunca en dar la vuelta al Mundo, que levante la mano. Quizás es por eso por lo que este argentino de veintinueve años, Gustavo Cieslar, despierta tantas simpatías a lo largo de su camino. Porque él ha sabido dar el paso que para muchos no ha pasado de ser un sueño y, desde el día 22 de diciembre de 2003 hasta hoy, no ha hecho otra cosa más que dar la vuelta al Mundo. A su llegada a Xàbia fue recibido de manera “oficial” por el “Motos Bonitas Clup”, un grupo de amigos que, entre otras aficiones, comparten la pasión por las grandes rutas en moto.
Gustavo eligió como montura una máquina de pequeña cilindrada que bautizó “La Garota”, una Yamaha de 125cc cuya potencia es de sólo 12.5 CV. Una moto con la cual no batirá marcas de velocidad, pero que es muy fácil de mantener y reparar, de sacar de cualquier atolladero, capaz de pisar por donde pueda hacerlo una persona y ser embarcada en un bote o un velero. Porque, puestos a realizar el periplo por excelencia, no es cuestión de hacerlo con prisas ni con vehículos que susciten envidias o codicias.
La etapa americana de su viaje ha consistido en atravesar parte de Argentina, Brasil de Sur a Norte, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Bélice y México. Una etapa pródiga en aventuras de todo tipo, en la que no pudo escapar a la violencia: en Bocas Isla, Panamá, un gracioso le cortó la cara dejándole un recuerdo indeleble de su paso por allí. Pero más indeleble es, dice Gustavo, el afecto y ayuda que encontró -y encuentra- a cada momento. En la revista “Intolerancia” de Puebla, México, le proclamaron como “el Ché del siglo XXI”, afirmación exagerada para algunos aunque, como dice uno de los miembros del “Motos Bonitas Clup”, todos somos el Ché cuando llevamos más de una semana en moto. Sobre todo si el viaje se realiza sin exceso de medios económicos y atravesando geografías poco favorecidas por la fortuna, como ha sido el caso de muchos de los lugares que Gustavo ha visitado.
Ahora nuestro amigo emprende la etapa europea de su viaje, quizás la más relajada. Seguirá la etapa asiática, en la que tendrá que afrontar grandes riesgos y dificultades. Gustavo tiene previsto finalizar su viaje en Brisbane, Australia, donde espera esta el 12 de noviembre de 2007 para festejar el aniversario de su hermano, que reside en esa ciudad. Luego, cruzar el gran charco del planeta y…. ¡en casa de nuevo! Habrán sido unos años que recordará siempre, como siempre será recordado por aquellos que tuvieron el placer de compartir, aunque fuera por unos días, o por unas pocas horas, su magnífica aventura.
Todos los grandes viajes son circulares. Quien se aleja de su casa, vuelve, dijo el ilustre poeta. El final del periplo es siempre uno mismo, pero la paradoja es que uno ya no es uno mismo, porque el viaje le ha transformado. Gustavo es joven pero ya despunta en él esa sabiduría que sólo alcanza quien es capaz de poner su yo en juego. Como sentencia el koan, ahora Gustavo no tiene ni una baldosa bajo los pies, ni una teja sobre la cabeza.
Pero es el amo de su presente, puede soñar su mañana con una libertad envidiable.
Anoche hablé con él, estaba sentado frente a la lumbre en una casita que le había prestado el cura de Horcajo de la Sierra, en Ciudad Real; la noche anterior acampó en las lagunas de Ruidera, con seis grados bajo cero. En el momento en que publiquen estas líneas quizá esté en Portugal.
Verne soñó con una vuelta al mundo vertiginosa para su tiempo, en sólo ochenta días. Hoy los Jumbos circundan el globo cada pocas horas.
Gustavo prefiere saborear el paisaje y el paisanaje, por eso cabalga sin prisas, a lomos de su burrito que, como Platero, ni es un pura sangre ni luce en un desfile, pero obsequia a su jinete con una amable manera de facilitar las leguas, de disfrutar el tiempo.
Quienes deseen conocer en profundidad su aventura, y merece mucho la pena, se lo pasarán bien visitando la página web de este valiente motero: www.tavooo.com
El Persa













