Maastricht es la primera ciudad holandesa que visitamos. El francés deja paso al inglés, que aunque no es oficial, todos lo conocen. Paseando por el centro de la pequeña ciudad vemos la gran cantidad de empresas de trabajo temporal que hay, pues es en holanda donde se fundaron las primeras de éstas. En las afueras de la ciudad encontramos una antigua mina de hierro que podemos recorrer en bici. Nos sorprende la ausencia de policías y la falta de cascos para los motoristas, pero Holanda es el país con más cámaras del mundo (el Gran Hermano nació allí), y los policías sólo acuden cuando es necesario.
Delft es la ciudad de Holanda que más nos gustó. Ha sabido mantener la esencia de siglos pasados, un casco histórico peatonal y unos canales con aguas estancadas que embellecen el paisaje, repletas de patos y vegetación. Su cerámica azul es famosa en el mundo entero. Los miércoles hay un mercado en la calle donde encontramos todo tipo de verduras, antigüedades y productos venidos de otras partes del mundo como la India, Filipinas...
La Haya es la capital administrativa de Holanda. En ella se encuentra el Gobierno, el tribunal de la Haya, donde juzgan a delincuentes internacionales, y la residencia de la monarquía holandesa. Os recomiendo la visita a Madurodam, donde se pueden ver las 185 obras más representativas del país a escala de 1/25, incluidos: 66.000 habitantes, 4.500 coches, 12 trenes, 32 aviones, 58 barcos, árboles, flores, farolas..., y donde el edificio más alto es la torre de control del aeropuerto que mide 4 metros.
Leiden es la ciudad con la universidad más grande y antigua de Holanda, formada por 80 edificios repartidos por todo el término. Allí el sistema universitario funciona por hermandades, y como en las películas, éstas organizan fiestas de bienvenida para captar a nuevos miembros. Incluso cada hermandad tiene una embarcación que utiliza para hacer fiestas en los canales o en el mar, donde hay ciertas cosas que están permitidas.
Rótterdam es la capital económica de Holanda, ya que las grandes empresas han posicionado en esta ciudad sus sedes, como es el caso de Nationale-Nederlanden, dentro de increíbles rascacielos junto a la estación de tren. Cabe decir que esto ha sido posible debido al cambio radical que ha sufrido la ciudad tras ser arrasada en la segunda guerra mundial. Es la ciudad más nueva, moderna y cosmopolita del país. Hay un barrio chino, que es donde mayor población de extranjeros residen, pues los precios son más económicos que en otras ciudades menos desarrolladas. También el grado de delincuencia es superior al resto. Y también es la ciudad donde más festivales musicales se hacen a lo largo del año. Doce fueron los programados para el 2007.
Ámsterdam. Aquí terminó nuestro periplo europeo, y permanecimos en ella cuatro días. Es la ciudad más poblada y turística de Holanda, en la que hay 700.000 habitantes y 600.000 bicicletas. Imaginemos el tráfico que podemos encontrar en la ciudad. De hecho las bicis tienen preferencia frente a los peatones y automóviles.
El famoso barrio rojo es el destino turístico más visitado y conocido de la ciudad, y en él encontramos mujeres expuestas en ventanales: está la calle de las asiáticas, de las de Europa del Este, de las latinas, de los travestís, allí la prostitución está totalmente legalizada. Las prostitutas incluso tienen su propio sindicato desde 1911.
Además de la prostitución, solo en Ámsterdam hay más de 70 coffee-shops donde se puede adquirir marihuana por catálogo como si fuese la carta de helados.
Pero no nos limitemos solo a eso, ya que podemos visitar también el antiguo barrio judío que fue devastado por las tropas nazis y en donde residió Rubens. En el Rijks Museum podemos encontrar la mayor parte de sus obras. Cerca de allí también está el Museo de Van Gogh, y otra exposición que no debemos perdernos es la Casa de Ana Frank, donde podemos conocer cómo vivió aquella joven judía aniquilada en un campo de concentración que fue capaz de escribir a sus 9 años el libro más leído en el mundo tras la Biblia y El Quijote.
Durante todo nuestro viaje estuvimos siempre bien acompañados de muchas personas encantadoras que conocimos durante los 18 días. Gente de varios lugares del mundo con los que intercambiábamos historias, curiosidades, inquietudes, experiencias... Desde holandeses y belgas, hasta australianos, argentinos, italianos, españoles, canadienses, polacos...
En este viaje tuvimos la ocasión de ir en bicicleta lloviendo, pasear a una bebé de 5 meses, dormir con 2 gatos persas, bajar 10 grados en cuestión de horas, coger el primer resfriado del verano, romper un sofá cama y una maleta..., reír, llorar, cantar, soñar y estar en la misma realidad, disfrutar de la multiculturalidad, enriquecernos y aprender de los demás,... y disfrutar de un agosto único y fantástico.
por Víctor Vallés Cholbi













