La evolución también funciona del cuello hacia arriba
16/01/2009 - 20:45
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Nuevos entendimientos sobre la naturaleza humana

Este año 2009 marca el 200 aniversario del nacimiento de Darwin y hace 150 que fue publicada el "Origen de la Especies". Desde entonces, esta teoría de la evolución (y la de su injustamente menos famoso contemporáneo, Alfred Russel Wallace) ha sido aceptada generalmente como el proceso por el que la vida se diversifica a lo largo de millones de años para producir la variedad de especies que habitan hoy el planeta.

A pesar de que un número significativo de personas encuentran imposible reconciliar este modelos del mundo con la religión, aquellos que sí aceptan la evolución entienden que nuestra especie, el Homo sapiens, no es más que uno de muchos animales evolucionados. Nuestras manos, la visión bifocal, el caminar erguido, el apéndice, etc., son todos productos de la evolución.

Pero existe una faceta de este proceso evolutivo que a menudo es ignorado. Esto es, que nuestro cerebro, que no es más que un órgano, y lo más importante, nuestra conducta, también son productos de este proceso que nos ha adaptado para tener éxito como cazadores-recolectores, y en último lugar, colonizar el mundo.

El propio Darwin exploró estas ideas en "El descenso del hombre". Sin embargo, el entendimiento de la genética en su día era bastante simplista, y los prejuicios sociales y raciales era fuertes. La teoría de la evolución se utilizó para aumentar prejuicios, y desembocó en la creación de la eugenesia, una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante varias formas de intervención.

La eugenesia afirma que se puede criar a las personas por sus rasgos físicos y mentales, y que aquellos en la base de la pirámide social son de alguna manera, "menos aptos". El defensor más extremo y practicante de la eugenesia fue Adolf Hitler. El trauma del Holocausto es tan fuerte que incluso hoy, sólo mencionar la posibilidad de que el comportamiento humano está basado en los genes, se corre el riesgo de ser etiquetado de eugenésico.

 

El mono desnudo

En los años '60, la base evolutiva de la naturaleza humana fue revisada por el zoólogo Desmond Morris en su libro, "El mono desnudo". Estas ideas hace tiempo que forman parte de la corriente principal de la zoología y el conductismo modernos. Sin embargo, hasta no hace mucho, estas consideraciones no se han tomado de manera seria a la hora de definir normas.

¿Por qué? Quizá porque algunos filósofos defienden que existe diferencia entre el hombre y la bestia; algunos teólogos temen que la evolución amenaza la idea de la intervención divina; o quizá algunos sociólogos todavía abrazan la idea marxista de que el hombre se puede perfeccionar. El sentir de la mayoría de las personas es que la conducta humana está de alguna manera determinada por la cultura, y no por la evolución.

Esto está cambiando. Con Internet y el conocimiento en la punta de los dedos, estamos ahora en una era caracterizada por la fertilización cruzada entre disciplinas científicas. El biólogo E.O. Wilson (1998), uno de los científicos de más reputación nacional e internacional de nuestros tiempos, describe este proceso como "Consilience".

Hoy, los cosmólogos introducen la teoría evolucionista, mientras que los bioquímicos se aventuran en la física. La jerga científica especializada que dividía estos campos se está desmoronando, y la aproximación a los problemas se realiza desde varios puntos de vista. Ahora, investigadores con diferentes especialidades están observando la naturaleza humana desde un nuevo punto de vista evolucionista, y están obteniendo algunos hallazgos inquietantes.

 

¿La personalidad se hereda o se aprende?

Estudios realizados sobre hermanos, adoptados y gemelos separados al nacer, demuestran que alrededor de un 50% de la variación en nuestra personalidad es heredada. Una asombrosa pareja de gemelos idénticos fue descrita por Thomas Bouchard.

Uno de los chicos fue criado como católico en la Alemania nazi, mientras que el otro era judío en el Caribe. A pesar de haber sido criados de manera totalmente diferente, se vio que compartían muchas idiosincrasias. A los dos les gustaba la comida picante y los licores dulces, tenían la manía de quedarse dormidos enfrente de la televisión, pensaban que era gracioso estornudar en medio de un grupo de desconocidos, tiraban de la cadena del báter antes de usarlo, y guardaban gomitas en la muñeca. [1]

El lingüista y neurocientífico Stephen Pinker describe evidencias que muestran que gran parte de nuestras variedades en personalidad pueden ser atribuidas a experiencias individuales de la niñez e interacciones con nuestros iguales, es decir, con otros niños de nuestra edad. Sólo un 10% de nuestra personalidad es moldeada por la interacción con nuestros padres.

Desde un punto de vista evolucionista, esto tiene sentido, ya que es contra nuestros iguales con los que tenemos que competir durante nuestra vida, y entre los que elegiremos pareja. ¡No tiene ningún sentido aprender a tener éxito compitiendo con la generación de tu madre!

Para muchos padres conocer que la influencia sobre sus hijos es tan pequeña puede suponer una sorpresa desagradable, pero en realidad debería reasegurar. ¡Si uno de tus hijos no ha salido como esperabas, seguramente no es porque has sido un mal padre! [2]

 

El estatus, la pareja y el dinero

Desde un punto de vista evolutivo, la vida trata de la supervivencia y, especialmente, de la reproducción. Así que mucho de lo que hacemos tiene que ver con pavonearse ante parejas potenciales y asustar a los rivales (el equivalente humano de la cola de un pavo real es un traje de Armani y un Ferrari). Es de esperar que un cazador-recolector de estatus alto tenga genes que le llevan a tener salud e inteligencia, y por ellos resulta deseable como pareja.

En nuestra sociedad moderna, el estatus se define por ser famoso y rico. A las mujeres les atrae la riqueza. El futbolista internacional más feo puede atraer una retahíla de mujeres bellas, y el director de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone, ¡no es ningún Adonis! Aspiramos a subir la pirámide social. La moda está liderada por celebridades de alto estatus. La gente más abajo imita sus estilos, y en cuanto la moda se vuelve normal, los ricos y famosos la cambian de nuevo, para ser diferentes y afianzar su posición.

Pero el estatus (y la riqueza) son relativas. Cuando se le pregunta a la gente si prefieren ser relativamente más ricos que sus iguales, aunque en términos absolutos significa que estarán peor, la respuesta es sí. Es decir, prefieren ganar 100.000€ cuando los demás ganan 50.000€, que 150.000€ cuando los demás ganan 300.000€. Esto explicaría por qué en la práctica el socialismo no funciona. [3]

También quiere decir que la gente se conforma con menos, y que no hacen falta enormes diferencias en las rentas para que la sociedad funcione bien. De hecho, aquellas personas en países desarrollados que tienen pocas diferencias de ingresos tienden a vivir más tiempo y más saludablemente que aquellos que viven en países como Estados Unidos o el Reino Unido, en los que el abanico de rentas es amplio. [4]

 

El asesinato más común es fruto de la evolución

Mires donde mires en el mundo, el tipo de asesinato más común es el de un hombre joven que mata a otro. Los asesinos son generalmente hombres sin empleo, que no están casados y de estatus social bajo. Y el crimen se desencadena por un hecho trivial. Los investigadores canadienses Daly & Wilson [5] dicen que estos crímenes son el resultado poco frecuente de una situación común, en la que dos hombres compiten entre ellos con el fin de controlar al conducta reproductiva de sus mujeres o para adquirir estatus.

Cuando estás en la parte más baja de la pirámide social, debes luchar para asegurarte tu continuidad genética. No tienes nada que perder. Este tipo de crimen puede ser visto como una conducta que ha evolucionado para adecuarse a una situación determinada. Raíces evolutivas también se pueden ver en crímenes como la violación o el infanticidio. Estos hallazgos no caen bien a los que creen que el crimen es una cuestión moral, y que sólo es llevado a cabo por "gente mala".  Además tendría implicaciones serias en la creación de normativas.

Ahora han surgido explicaciones evolutivas sobre los salarios de las mujeres, el racismo, la homosexualidad masculina, el altruismo, el humor... La lista crece. Pero esto no quiere decir que somos salvajes, sólo que continuamos teniendo nuestras raíces. A través del desarrollo cultural, la humanidad se ha hecho menos violenta (ya no pensamos que está bien quemar a gente viva en la hoguera), y nos preocupamos por las víctimas de un tsunami que nunca hemos conocido (la preocupación del hombre primitivo concernía sólo a su núcleo familiar mas directo). También somos una especie con una increíble capacidad de adaptación. 

La vida en el mundo moderno es muy diferente de la de nuestros ancestros cazadores-recolectores que dejaron África hace ahora unos 50.000 años (sólo 2.500 generaciones...).

 

¿Cómo hemos evolucionado para ser tan adaptables? Algunos científicos creen que el cambio climático rápido tiene mucho que ver. Pero eso es otra historia que explorará el mes que viene en XAD.

 

Dr Christine Betterton-Jones
Doctor en filosofía, profesora retirada de zoología y parasitología

 

 

[1] http://www.psywww.com/intropsych/ch11_personality/bouchards_twin_research.html

[2] LA TABLA RASA La negación moderna de la naturaleza humana - Stephen Pinker 2002

[3] The Economist, December 20th 2008

[4] http://research.nottingham.ac.uk/NewsReviews/newsDisplay.aspx?id=239 Professor Richard Wilkinson and Dr Kate Pickett

[5] http://psych.mcmaster.ca/dalywilson/homicide.html

 

 

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