La Jefa del departamento financiero de la Asociación marroquí Al Amana, Salma Kadiri, pronunció ayer en el Parador de Xàbia la charla titulada, “¿Pueden los microcréditos reforzar la autonomía de las mujeres?”. A pesar de su juventud (Marruecos, 1980) Kadiri es experta en esta forma de financiación, que consiste en pequeñas ayudas bien gestionadas a personas fuera del sistema de bancarización.
Aunque los problemas del llamado tercer mundo pueden parecer ajenos a los nuestros, y más ahora que estamos inmersos en esta crisis financiera, los pilares sobre los que se basa el microcrédito, tan sencillos como sólidos, quizá alberguen en esencia la solución a la situación de la sociedad capitalista.
Con la presencia y las palabras de Salma Kadiri, se inicia una nueva línea de actividades: “Las conferencias de CAM en el Foro Jávea”, patrocinadas y promovidas por la citada entidad, en las que jóvenes profesionales de la economía y la cultura, de diferentes países del Mediterráneo, aportarán al público asistente su experiencia, peculiar en unos casos, pionera en otros, pero siempre como motores de enriquecimiento del diálogo intercultural. Salma Kadiri cumple ampliamente todos esos objetivos: por su juventud, por el país al que pertenece y en el que desarrolla su extraordinaria dedicación profesional, y por los más que satisfactorios resultados de Al Amana. www.alamana.org
Durante la primera parte de su intervención, y con apoyo audiovisual, Salma Kadiri dio a conocer la labor de Al Amana en cifras y a través del ejemplo de personas que han podido desarrollar sus proyectos y mejorar su vida gracias a los microcréditos, como un costurero, un apicultor, y una tejedora de alfombras. Posteriormente, respondió a las preguntas formuladas por el delegado del diario La Vanguardia en la Comunidad Valenciana, Salvador Enguix, sobre la actividad de Al Amana y la gestión de estas ayudas.
Un préstamo basado en la confianza
Desde 1997, la asociación Al Amana, que cuenta entre su partenariado con la Agencia Española de Cooperación Internacional, ha gestionado alrededor de 1.000 millones de euros, una tercera parte de ellos en 2007. Los microcréditos se conceden a personas con pocos ingresos que quieren desarrollar una actividad que les puede mejorar su economía, pero que no cuentan con garantía financiera. Por eso esta falta de avales se suple con una relación de proximidad con el cliente, al que se conoce bien cómo es y cómo trabaja. En cierta manera se puede decir que las garantías son más morales que económicas.
Los microcréditos además ayudan a dignificar la vida de las personas, no sólo por la relación de confianza que se crea, sino por la oportunidad que se brinda de mejorar la vida de una manera real y en base al esfuerzo propio, lo que genera una sensación de orgullo por el trabajo bien hecho. Asimismo, cuando un individuo se convierte en aval de otro, se fomenta la solidaridad y la cohesión entre los miembros de una comunidad, y por supuesto, aquel también siente orgulloso de poder ayudar a su vecino.
En este sentido, Salma Kadiri subrayó el hecho de que “los microcréditos se basan en la confianza y la buena voluntad de las personas que lo solicitan, así como en la solidaridad entre ellas”. A través de este trato directo que forma parte de la filosofía del microcrédito se respeta y dignifica a la persona que se siente reconocida como individuo.
Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres, quienes gracias a los microcréditos llegan a ser más respetadas y sus opiniones tenidas en cuenta dentro de su comunidad. El éxito que éstas obtienen no sólo les ayuda a mejorar sus condiciones de vida y las de su familia, sino también a aumentar su estatus, tanto dentro de su familia como de la sociedad, mejorando su integración social.
Cuando se le pregunta a Kadiri por la diferencia entre hombres y mujeres en cuanto a los microcréditos, la experta insiste en que Al Amana intenta lograr la paridad a la hora de concederlos, aunque resulta muy superior el éxito de las mujeres. Y es que ellas tienden a pedir estas ayudas en grupos y en cantidades más limitadas, mientras que ellos piden cuantías más importantes, de forma individual y para proyectos mayores. Sin embargo, son las mujeres las que tienen mayor resultado, gestionan mejor sus finanzas y presentan menores problemas a la hora de devolver los préstamos.
Los microcréditos se basan en -y fomentan- sólidos valores morales, como el respeto, la confianza propia y mutua, además de la solidaridad, ayudando a crear una sociedad más participativa, más cohesionada y con individuos que comparten una sensación de orgullo propio en su trabajo y en sus posibilidades para mejorar su vida.
Pero, ¿corre el riesgo Al Amana de crecer demasiado y convertirse en un banco más? Salma Kadiri cree que no, porque la organización nunca dejará de lado los valores morales sobre los que sustenta, ni perderá su identidad. Existe ya la experiencia de otras ONG similares en Bolivia y Bangladesh que han crecido y aumentado sus servicios hasta convertirse en entidades bancarias, pero la esencia del microcrédito no se pierde. Las claves se encuentran en la proximidad con el cliente y en la totalidad transparencia de la gestión. De hecho, Al Amana dispone en su página web toda su información financiera.
Conclusión
A través de los microcréditos el llamado tercer mundo tiene la oportunidad de desarrollarse y entrar en el sistema económico mundial. A través de la transparencia, el trato directo y el dar valor al individuo se está creando, a lo largo de todo el mundo, una economía sostenible y compatible con la globalización. La clave está en el respeto, la confianza, la dignidad de los individuos, la participación social y la solidaridad.
En nuestro llamado primer mundo tenemos mucho que aprender de este ejemplo.














