Christopher Boone es un niño que, a sus 15 años, tiene una visión muy “particular” del mundo. Odia el amarillo y el marrón, no soporta el contacto físico, ni que le miren a los ojos, tiene una rata doméstica en su habitación llamada Toby, no miente nunca, se sabe todos los países del mundo con sus capitales y los números primos hasta el 7.507. Su ordenada vida se ve alterada una noche por un incidente: el asesinato de Wellington (el perro de la Sra. Shears, su vecina de enfrente).
De camino al colegio a la mañana siguiente, ve pasar cuatro coches rojos seguidos, lo que significa que es un Día Bueno, por lo que decide no estar triste por el incidente e investigarlo. A partir de ese momento, su vida se ve envuelta en riesgos, aventuras, emociones y decepciones nuevas, lo que le obliga a agudizar su ingenio y valentía.
Siobhan, su educadora, le anima a ello y a que vaya escribiendo los avances de sus pesquisas, y es así como le vamos acompañando en sus interrogatorios a los vecinos (tipo: “Sra. Shears, ¿sabe usted quién mató a Wellington? y ella le dice: “Adiós, Christopher”, y cierra la puerta”), sus curiosas relaciones con la policía, la convivencia con su padre, su gran viaje, sus deducciones basadas en lecturas de Sherlock Holmes y Star Trek… y vamos poco a poco comprendiendo el mundo a través de sus ojos y compartiendo su lógica, original, pero aplastante.
De una forma poco moralista, entretenida y con una buena dosis de sentido del humor y ternura, este libro cuestiona los esquemas que tenemos hechos de nosotros mismos, de nuestros vecinos, de nuestra sociedad. Nos damos cuenta de lo inconsecuentes que somos los adultos y los seres supuestamente “normales”, cuando un niño sencillamente nos pide que actuemos según hemos acordado, y que no mintamos.
Él nunca transgrediría una norma que no debe y, sin embargo, podría cometer barbaridades si no se le han expresado éstas detalladamente (“la gente dice con frecuencia “cállate”, pero no dice cuánto tiempo debes permanecer callado”). Sin embargo, Siobhan, su educadora, que le entiende, le explica cómo proceder con claridad: “nunca des puñetazos a Sarah, ni le pegues de cualquier otra forma, ni siquiera aunque ella te pegue primero. Si vuelve a pegarte, apártate de ella, quédate quieto y cuenta de 1 a 50; luego ven a decirme lo que ha hecho”.
Mark Haddon, a sus 43 años y tras licenciarse en Literatura Inglesa en Oxford, ha trabajado como ilustrador, pintor, poeta, profesor de escritura creativa y ha escrito quince libros para niños. Trabajó con personas que padecían deficiencias físicas y mentales, lo que le hace conocer perfectamente su forma de sentir y de pensar.
Nos transmite con frescura y sin afectaciones la forma de entender el mundo de un niño que es como los demás, sólo que con una estructura mental algo más compleja, mucho más fácil para determinadas cosas, y más difícil para otras (entre ellas, que obliga a los adultos a ser consecuentes con sus palabras y obras, lo que es prácticamente imposible de cumplir). Uno piensa en qué pasaría en el mundo si todos nos comportáramos como él: es decir, si no mintiéramos nunca, fuéramos siempre consecuentes y dijéramos todo lo pensamos. El mundo se convertiría quizás en un sitio más verdadero, más auténtico y, tal vez, muy difícil de soportar.
El curioso incidente del perro a medianoche
Mark Haddon
Ed. Salamandra
Por Marta Lorenzi
Biblos Librería Internacional













