El viento de la luna
17/11/2006 - 0:28
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"Esperas con impaciencia y miedo una explosión que tendrá algo de cataclismo cuando la cuenta atrás llegue a cero y sin embargo no sucede nada. Esperas tumbado sobre la espalda, rígido, las rodillas dobladas en ángulo recto, los ojos al frente, hacia arriba, en dirección al cielo, si pudieras verlo, detrás de la curva transparente de la escafandra, que te sumergió en un silencio tan definitivo como el del fondo del mar cuando terminaron de ajustarla al cuello rígido del traje exterior…” Así empieza la última novela de Antonio Muñoz Molina, metiéndonos en la piel de un astronauta cuya nave está a punto de despegar, rumbo a lo desconocido. Es el día 20 de julio de 1969 y la nave el Apolo XI.
Su destino: la Luna.

Un adolescente se levanta en la noche de un pueblecito de la sierra andaluza para seguirlo hipnotizado frente a un televisor que se ve nublado y cuyos padres acaban de comprar y tardarán años en terminar de pagar. Su casa es tan sencilla como la vida de los que la habitan, marcada por la rutina que impone el campo. Estamos en un pueblo donde día tras día se oyen los mismos refranes, quizás para no olvidar esas pocas verdades que les han enseñado; donde los vecinos se conocen tanto que el pasado es imposible de olvidar; donde todo el pueblo, una vez al año, acude a las tierras de los terratenientes a recoger la aceituna, trabajando duramente para sacar unos ahorrillos extraordinarios con los que comprar medicinas, algunas telas para hacerles ropa a los niños o unos zapatos nuevos.

Es el contraste entre la tecnología capaz de llevar al hombre a la luna -cuya complejidad fascina a nuestro protagonista-, y la austeridad de la vida cotidiana de la España de aquella época. Ese paralelismo se mantiene a lo largo de todo el libro.

Nuestro adolescente recuerda con nostalgia el niño que fue, los tiempos en los que no tenía ninguna responsabilidad y ayudaba a su padre en las faenas del campo, aquello era como un juego. Añora el cuerpo caliente de su tía Lola, con la que se apretujaba en la cama en las noches más frías para robar un poquito de calor y hacer frente al invierno, y siente cómo su cuerpo despierta a la sexualidad, provocándole sentimientos confusos. Se siente sólo e incomprendido.

El proceso de adolescencia de cualquier chico, con una mezcla de apremio sexual y sentimiento de pecado por la educación que recibe de los curas, una inteligencia superior a la media que le hace interesarse y comprender datos científicos fuera del alcance de sus cohetáneos, un colegio al que puede acceder gracias a una beca, en el que sus compañeros de clase son los hijos de los ricos del pueblo –los que visten de traje y tienen placas en las puertas de sus casas: notarios, banqueros, médicos o políticos- y donde se enfrenta por primera vez a las injusticias del mundo.

 

Por Marta Lorenzi
Biblos Librería Internacional

 

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