Este libro resulta impresionante, no sólo por su calidad narrativa, sino por las circunstancias en las que fue escrito. Su autora, Irène Némirovsky, nació en Rusia en 1903, nieta de judíos e hija única de uno de los banqueros más importantes del país. Con un padre siempre ocupado en sus negocios y una madre más preocupada por su aspecto físico y los bailes que por su hija, tuvo una infancia infeliz y solitaria, lo que probablemente contribuyó a que sus obras adquirieran una gran profundidad.
La autora
En la revolución del 17 tuvieron que huir de Rusia, perdiendo toda su fortuna, que quedó incautada en manos de los bolcheviques. Después de pasar por Finlandia y Suiza se establecieron finalmente en Paris, donde el padre de Irène pudo recomponer su situación como apoderado de un banco francés, y su madre se aclimató perfectamente a la dolce vita parisina. Como resultado de todo esto, y de la exquisita educación que le proporcionó su institutriz (quien, además, le brindó el cariño que sus progenitores le negaron), Irène Némirovsky fue una joven bella y culta, que hablaba con fluidez ruso, francés, polaco, inglés, vasco (de los veraneos en San Juan de Luz, Hendaya o la Costa Azul), finlandés e incluso yidis.
Empezó a escribir a los catorce años, empujada por la soledad y desesperación que le provocó la muerte de su institutriz francesa, y ya no dejó de hacerlo. Al cabo de unos años, ya le habían publicado algunos relatos cortos en revistas locales, a pesar de lo cual no tomaba sus escritos demasiado en serio. En 1929, envió a la editorial Grasset, en un sobre sin remite, el manuscrito de su primera novela, David Golder, convencida de que no se lo iban a publicar. Impresionado por la fuerza y la calidad de la obra, Bernard Grasset se vio obligado a poner un anuncio para localizar al autor y, cuál fue su sorpresa, cuando se encontró frente a él a la joven Irène. Necesitó varias horas para cerciorarse de que aquella delicada y elegante dama, de 19 años de edad, era quien había escrito unas líneas tan crueles, audaces y brillantes. La novela se publicó y obtuvo notable éxito, así como las que le siguieron.
En el momento de escribir la Suite Francesa, Irène Némirovsky era ya una reconocida escritora. Si su destino no se hubiera visto truncado por la segunda guerra mundial, probablemente hoy sería una de las más conocidas autoras europeas. Pero a pesar de ello, y de que tanto ella como su marido se habían convertido al catolicismo y sus dos hijas tenían nacionalidad francesa, ni los editores, ni las autoridades que se interesaron por su suerte cuando fue detenida, pudieron salvarla (se incluye correspondencia al final del libro). Enferma de asma crónico, no soportó las condiciones del campo de concentración de Auschwitz, donde murió al mes de llegar. Su marido corrió la misma suerte.
El manuscrito
El manuscrito de la Suite Francesa recorrió desde entonces un largo camino, recogido por la tutora de las niñas, quien se ocupó de cuidarlas y esconderlas hasta el final de la guerra y gracias a la cual lograron sobrevivir. El manuscrito las acompañó en sus continuos traslados, por lo que fue un milagro que no se perdiera. Fue la mayor de sus hijas, Denise, quien hizo público el libro muchos años después.
La novela
Novela inconclusa, Suite Francesa debe su nombre a que está escrita como una composición musical, una serie de movimientos que se alternan y entrelazan, que corresponden a las vidas de diferentes personajes. Nos sitúa en 1941, cuando los alemanes están a punto de entrar en París y la ciudad es abandonada por la mayoría de sus habitantes, que emprenden el éxodo hacia las provincias del sur.
La segunda parte transcurre en un pequeño pueblo francés ocupado, y nos narra cómo va cambiando la actitud de sus habitantes hacia los alemanes. El odio y miedo iniciales se van transformando, en muchos casos, en simpatía hacia aquellos jóvenes que, por otra parte, habían recibido órdenes de no la herir la susceptibilidad francesa, órdenes que se esforzaban en cumplir. El hecho de su juventud, de que se mostraran serviciales con la población, de que aceptaran comprar los productos al triple de su precio y, sobre todo para las más jóvenes, de que fueran en muchos casos más atractivos que los campesinos locales, hace que poco a poco vayan confraternizando y surja una multitud de situaciones muy poco habituales.
El libro nos presenta un momento histórico del que, quien no lo haya vivido, sólo conocerá fechas y hechos, pero que la autora, como testigo en primera persona, nos refleja la realidad de la vida cotidiana, de una forma amena e interesante. El profundo conocimiento de Irène, tanto del interior de las familias más ricas o aristocráticas como el de las más humildes, de las metrópolis más cosmopolitas como de los pequeños pueblos, hace que a lo largo de las páginas de este libro nos sintamos trasladados a sus casas, entendamos sus problemas, sus sentimientos y que vivamos esta situación histórica de una forma completamente nueva. Detrás de cada episodio hay una lúcida y velada crítica a la sociedad en la que le tocó vivir y un complejo estudio del alma humana y sus contradicciones.
En las notas al manuscrito, que están incluidas al final del libro y que resultan tan interesantes como la novela, escribe sobre la longitud que ésta debería tener: cinco partes, con un total de 1600 páginas (de las que sólo llegó a escribir dos). A continuación escribe: “En fin, si el 14 de julio llegan los que lo han prometido, eso tendrá entre otras consecuencias dos o al menos una parte menos”, refiriéndose a la llegada de los alemanes que la deportarían a un campo de concentración.
Esto es lo que más impresiona de esta novela. Que, dadas las circunstancias (no sabía si la iba a poder acabar, ya que esperaba que los alemanes la detuvieran en cualquier momento) y que está escribiendo sobre una realidad paralela a la suya (la novela transcurre en 1941 y ella fue arrestada en 1942), la escribe con una objetividad encomiable. Ello demuestra una capacidad para tomar distancia y ver la vida desde arriba muy poco frecuente. No está escrita con el rencor que cabría esperar, sino con sentido del humor, con un conocimiento profundo del ser humano, de la vida, de las pasiones, odios y amores que conviven con la guerra. Es un libro exquisito, ameno e interesante.
Suite Francesa
Irène Némirovsky
Ed. Salamandra
Pags. 475
Por Marta Lorenzi
Biblos Librería Internacional













