Podría decirse que el turismo en Xàbia empezó antes de lo que pensamos. Quizás suene extraño datar su primer antecedente en la época romana pero, si nos detenemos unos momentos en el tema, veremos que no resulta tan exagerado. Aunque los romanos vivían mayoritariamente en ciudades, hay que tener en cuenta que los ciudadanos de clase más alta, como patricios, senadores o generales militares, acostumbraban a construirse lo que se llama una villa rusticae. “(…) estas (villas romanas) buscan grandes escenarios paisajísticos como las costas rocosas, golfos, bahías, islas desde donde las vistas sobre el mar presentan aspectos variados y emocionantes. No es casual que por ejemplo en el golfo de Nápoles (…) se dé la mayor concentración de lujosas villas marítimas romanas.
Se trataba, por simplificarlo al máximo, de grandes mansiones ubicadas en un lugar diferente al de residencia habitual, normalmente en el medio rural, pero sin alejarse en exceso de las ciudades, además de tratarse de una vivienda de mayor extensión y lujo que la habitual. ¿Alguna diferencia con las actuales segundas residencias que pueblan gran parte de la extensión de nuestro término municipal? Bien podrían considerarse éstas una versión actualizada y contemporánea de aquellas villas, si tenemos en cuenta la similitud de características en épocas tan distintas.
En el caso de Xàbia, en la ubicación durante mucho tiempo asociada a los restos de una antigua fábrica de salazón, parece ser que también se debió asentar una de esas villas romanas, posiblemente de algún senador u otro prohombre, si seguimos la teoría del historiador Manuel Olcina. En su artículo “La villa romana de la Punta del Arenal” del catálogo de la exposición “Xàbia. Arqueología y Museo” (Diputación de Alicante, 2004), el historiador justifica esta teoría basándose, especialmente, en la propia ubicación de la villa:
La situación de la construcción se elige al mismo tiempo para ser vista y admirada, preferentemente desde el mar. La villa de la Punta de l’Arenal participa de aquellos presupuestos. Se sitúa prácticamente en el centro de la bahía, con una visión equidistante, y creemos por tanto que buscada, de los cabos agrestes de San Martín y San Antonio, y tierra adentro la apabullante presencia del Montgó. Rodeada del elemento líquido, la villa quedaba algo elevada, para ser vista y destacar (…) y enmarcada siempre por las puntas rocosas que delimitaban el arco costero”.
Si a ello añadimos la presencia de restos de capiteles y bases de columnas del siglo II d. C., coincidentes con la época en la que se generalizan este tipo de villas marítimas, la teoría cobra veracidad.
Pero trasladándonos ya a tiempos actuales resulta todavía más curioso el hecho de que a principios de los años 60 del siglo XX, el ministro franquista Mariano Navarro Rubio, otro prohombre en cuanto a escala social se refiere, impresionado por la belleza de la zona, se hiciera construir un chalet en esta misma ubicación, la Punta de l’Arenal. En palabras del propio Olcina, “sorprende, o quizá no, constatar que las élites sociales de dos tiempos tan distintos buscaron en el mismo lugar plasmar sus aspiraciones mediante unos signos de representación que se muestran sin embargo tan cercanos entre sí”.
Fue precisamente a partir de aquellos años 60, con ese boom del turismo que cambió y transformó la vida, la economía y el paisaje (entre otras muchas cosas), cuando el turismo dejó de ser “cosa de élites” para convertirse en una actividad extensible cada vez a una mayor parte de la población.
Y de ese modo, fruto de la casualidad, o no, la parcela adosada a este chalet del Ministro viene recibiendo también, desde 1965, un uso turístico. En esta fecha se inauguró el Parador Nacional de Turismo “Costa Blanca”, en la misma punta de l’Arenal en la que hasta aquel momento se habían asentado sólo las élites.
Así, si bien el número de personas que podría acceder a una villa romana (sólo clases muy altas), o a una vivienda vacacional de la suntuosidad de la del Ministro, era muy reducido, la situación actual responde más bien a una “democratización” del turismo, por la que las actuales segundas residencias o el propio Parador de Turismo vienen a reflejar el cambio acontecido en este lugar tan histórico como turístico. Lástima que en España desde siempre se haya practicado menos el aprovechamiento de aquello ya existente, y más el destruir para construir encima, quedando hoy en día muy poco de aquella primera posible villa romana, finalmente asolada por el chalé y el Parador en su mayor parte.
En todo caso, y visto todo lo anterior, quizás no resulte tan descabellado afirmar que este lugar llamado Punta de l’Arenal no sólo es el centro de la bahía de Xàbia, sino que supuso el lugar donde se inició una muy primitiva actividad turística que hoy, curiosamente, tiene también su centro en este mismo sitio. Un lugar que nos permite conocer y entender lo que para Xàbia ha supuesto y significado, supone y significa, el turismo. Y es que, después de todo, tras casi 2.000 años, quizás no hayamos cambiado tanto.
por Marcos Buigues Metola















