La zona de producción de la D.O. Alicante abarca 50 municipios de la provincia, así como algunos pagos vitícolas y bodegas de la provincia de Murcia. Al igual que en las regiones vecinas, el vino alicantino posee profundas raíces históricas. Posiblemente fueros los fenicios los que introdujeron la vid, los íberos los que empezaron a cultivarla para uso familiar, y ya los romanos fueron importantes cultivadores del fruto, como lo demuestran los restos arqueológicos hallados en la zona del Marquesado.
En el siglo XIX el vino de Alicante alcanza su máximo esplendor, al liberalizarse la comercialización, contando casi todos los pueblos de la zona con superficies dedicadas al cultivo, y creándose, ya entonces, en Cocentaina una estación enológica.
La Viña se extiende desde la Marina Alta, con un clima mediterráneo, hasta las tierras del interior donde el clima es continental. Los suelos cuentan con un elevado nivel de caliza, con escasa arcilla y bajo contenido en humus.
Las variedades de uva son las blancas airén, macabeo, merseguera, moscatel de Alejandría, chardonnay planta fina, verdil y sauvignon blanc; y las tintas granacha, monastrell, tempranillo, bobal, cabernet sauvignon, merlot, pinot noir y syrah.
La indiscutible monastrell es la variedad protagonista en la zona, con casi un 70% del total de las tintas y base para la elaboración de tintos y rosados, así como para el fondillón, una de las reliquias vinícolas que ha ocupado las mejores mesas del mundo, obtenido de uvas sobremaduradas en la cepa, muy asoladas, que se cosechaban después de la vendimia normal.
Mención aparte y especial merece el moscatel, vino licoroso, dulce y aromático, con notas florales y cítricas, elaborado exclusivamente con uva moscatel de Alejandría.Es de destacar el gran comportamiento que las variedades foráneas están aportando a la zona.
¿Riojanos en Alicante?
Sí, y no uno cualquiera, sino uno de los más grandes y modernos: Juan Carlos López de la Calle (Artadi), junto con el jumillano Agapito Rito (Carchelo). En tan solo cuatro años han desarrollado un proyecto enológico que comienza a dar sus frutos con dos vinos de gran calidad que son todo un ejemplo de buen hacer, respetando rigurosamente el terruño y su variedad. El término de El Pinoso abastece de excepcional uva los depósitos y barricas de la bodega.
Laderas de el Sequé
Variedades: Cabernet Sauvignon, Monastrell y Syrah
Elaboración: 6 meses en barrica y resto en botella.
Vista: Rojo cereza con ribetes violáceos.
Nariz: Aromas de frutos silvestre maduros (cassís) en compota, vegetales frescos, montebajo.
Boca: Ligero, sabroso, fresco, maduro, equilibrado, gratas sensaciones balsámicas de buena barrica.
El sequé
Variedad: Cabernet Sauvignon, Monastrell y Syrah
Elaboración: 12 Meses en barrica y resto en botella.
Vista: Picota cardenalicio con ribetes violáceos, muy cubierto.
Nariz: Complejo, intenso y muy elegante en nariz, frutos pequeños muy maduros, confitura, tostados, balsámicos, café, especias, regaliz, minerales.
Boca: sabroso, bien constituido, gran concentración, excelente tanicidad, fresco, gran carga frutal, elegante y complejo final de boca. Excelente longitud. Tonos minerales, goloso, buenas maderas.
















